
Desde hace varias horas, un rumor procedente de China agita los medios de comunicación automovilísticos. Según varios medios chinos, retransmitidos posteriormente por varios medios europeos, entre ellos el diario financiero italiano Milán Finanza, Al parecer, Stellantis está en conversaciones con Huawei y JAC Motors para desarrollar un futuro coche eléctrico de lujo con la insignia Maserati.
Sobre el papel, el principio es sencillo: Huawei suministraría las tecnologías de software, los sistemas inteligentes y la arquitectura digital, JAC se encargaría del desarrollo industrial y la producción, mientras que Maserati aportaría su diseño y su imagen de marca. En China, el modelo se vendería bajo la etiqueta Maextro, la marca premium creada por Huawei y JAC. A escala internacional, adoptaría el famoso nombre de Trident.


Una especie de “Maserati chino”, desarrollado a partir de una base técnica local, diseñado para competir con referentes del lujo como Rolls-Royce, Mercedes-Maybach y las nuevas berlinas eléctricas chinas de gama alta. Sobre el papel, la idea puede parecer creíble. En realidad, plantea muchos interrogantes.
¿Puede Maserati convertirse realmente en una marca 100 % eléctrica?
Desde hace varios años, Maserati intenta seducir con su gama Folgore. Pero los resultados comerciales no han estado a la altura de sus ambiciones. La marca italiana ha logrado lanzar versiones eléctricas del Grecale, el GranTurismo y el GranCabrio, pero estos modelos han tenido dificultades para ganarse a los clientes.
El problema va mucho más allá de la simple cuestión de la autonomía o las prestaciones. No se compra un Maserati sólo por sus especificaciones técnicas. Lo compras por la emoción mecánica, el sonido, el carácter, la experiencia casi teatral que los motores de combustión italianos siempre han sido capaces de ofrecer. Es un arte de vivir.


Sin embargo, hasta ahora, la insignia Maserati asociada al 100 % eléctrico nunca ha encontrado realmente su público. Y eso que los coches no están nada mal. Basta con preguntar a cualquiera que haya conducido un Granturismo Folgore o un Grancabrio Folgore. Son buenos coches eléctricos de lujo. Pero las cifras hablan por sí solas: las ventas de la marca han caído en picado en los últimos años, pasando de unas 27.000 unidades en 2023 a menos de 8.000 coches en 2025. Es un problema de marketing. Así que imaginar un futuro Maserati basado en una plataforma china y únicamente eléctrico puede parecer contradictorio con el propio ADN de la marca.
¿Una plataforma china en un futuro Maserati?
Éste es probablemente el aspecto más sorprendente de este rumor. Durante años, todo el futuro de Maserati se ha basado en la plataforma Giorgio y sus evoluciones. Esta arquitectura, desarrollada originalmente para Alfa Romeo, sigue siendo una de las mejores plataformas del grupo Stellantis. Simboliza una cierta idea de la deportividad italiana.

Así que es difícil imaginar una futura gama coherente en la que algunos Maserati utilicen una plataforma Giorgio “made in Italy”, mientras que otro modelo se base en una arquitectura china diseñada principalmente para vehículos eléctricos conectados. Por supuesto, la industria del automóvil está cambiando rápidamente. Audi ya está desarrollando modelos eléctricos en China específicamente para el mercado local. Volkswagen también está multiplicando sus alianzas tecnológicas con fabricantes chinos para seguir siendo competitiva. Incluso Stellantis ya ha realizado importantes inversiones en Leapmotor.
Pero Maserati no es una marca generalista.
¿Un Maserati diseñado en China seguiría siendo un Maserati?
Básicamente, el verdadero problema no es la tecnología. Es cultural. Hace tan solo unos días, Cristiano Fiorio, CMO de Maserati, nos recordaba lo que representa el Tridente en la actualidad:
“El Tridente y Maserati representan no sólo un símbolo automovilístico, sino también un símbolo cultural”.”
Palabras importantes. Porque Maserati vende sobre todo una historia, una identidad italiana, un imaginario que combina Módena, el deporte del motor, el lujo y una cierta pasión mecánica. Dada esta lógica, a muchos les costará entender cómo un coche desarrollado en China, diseñado con socios chinos y derivado de un modelo Maextro podría convertirse en el “símbolo cultural” al que se refiere la dirección de Maserati.
Esto no quiere decir que el proyecto sea necesariamente malo. Los fabricantes chinos ya saben cómo producir coches eléctricos muy avanzados tecnológicamente. Algunos de ellos ya rivalizan con las mejores referencias europeas en términos de software, confort e incluso prestaciones.
Pero un buen coche no se convierte automáticamente en un auténtico Maserati. El riesgo sería convertir el Tridente en una mera insignia de marketing para un producto desarrollado principalmente para satisfacer las expectativas del mercado chino.
¿Una estrategia reservada en última instancia a China?
Este es probablemente el escenario más creíble. China sigue siendo un mercado fundamental para los coches de lujo, aunque Maserati prácticamente haya desaparecido allí en los últimos años. En 2017, la marca vendía allí casi 15.000 coches al año. Hoy, se dice que las matriculaciones han caído a unas 1.000 unidades.

Utilizar una base tecnológica china para ofrecer un Maserati diseñado específicamente para los clientes chinos podría tener cierto sentido económico. Después de todo, los compradores locales están poniendo un gran énfasis en el software, los asistentes inteligentes, las pantallas y las tecnologías en el automóvil, áreas en las que China tiene un liderazgo considerable.
Por tanto, si este proyecto llega realmente a buen puerto, podría tratarse más de una estrategia local comparable a la de Audi en China que de una revolución global en la gama Maserati. Por nuestra parte, nos cuesta creer que un Maserati chino pueda comercializarse en Europa.