
En el muy cerrado mundo de los supercoches e hipercoches, ciertas reglas nunca se escriben... pero se aplican con absoluto rigor. Y la historia de Ahmed, el empresario al frente de una de las mayores empresas de alquiler de coches de lujo de Dubai, es un ejemplo de ello. A pesar de una impresionante colección, millones invertidos y sólidas relaciones con marcas como Bugatti y McLaren, una marca sigue cerrándole sus puertas: Ferrari.
Un imperio automovilístico construido a fuerza de voluntad
Partiendo de la nada, Ahmed ha levantado un auténtico imperio en pocos años. Desde 2019, desarrolla una empresa de alquiler de coches de lujo en los Emiratos, con más de 100 vehículos en stock en la actualidad.
Lamborghini, Rolls-Royce, Porsche... los grandes nombres desfilan por su sala de exposición. Algunos modelos se alquilan hasta 30 veces al día en los periodos de mayor actividad. Un éxito fulgurante, basado en una estrategia sencilla: ofrecer coches únicos, a menudo personalizados, y un servicio al cliente impecable.
Pero detrás de este impresionante escaparate, la realidad es mucho más compleja. Accidentes, seguros caros, clientes imprevisibles... es un negocio arriesgado. Muy arriesgado. El propio Ahmed lo admite: cada coche puesto en circulación puede convertirse en un segundo en una pérdida de varios cientos de miles de euros.
Arrendar un Bugatti: una apuesta demasiado arriesgada
Una de las decisiones más locas de su carrera fue alquilar un Bugatti.
Una apuesta totalmente irracional sobre el papel. Seguro limitado a 3 millones de dirhams (unos 700.000 euros) para un coche de más de 10 millones. ¿En caso de accidente? Una gigantesca pérdida de peso muerto. Así, a lo largo de 25 días de alquiler, se generaron varios millones... pero la presión era constante. Cada vez que salíamos del vehículo se convertía en una fuente de ansiedad. Vigilancia por GPS las 24 horas del día, noches sin dormir, estrés constante. Finalmente, decidió parar. Demasiado arriesgado.
Ferrari se niega a venderle un coche
A pesar de su estatus, Ahmed se ha topado con un muro: Ferrari se niega rotundamente a venderle coches nuevos. Y la razón es simple: su negocio. Ferrari no quiere que sus modelos se utilicen en flotas de alquiler. La marca favorece a los coleccionistas privados, a los que compran para conservar, no para obtener beneficios.
Ahmed nos cuenta incluso que la situación es extrema: incluso si quiere comprar un Ferrari para él, al precio de catálogo, se lo deniegan inmediatamente. Peor aún, algunos concesionarios incluso se niegan a vender a sus familiares si sospechan que tienen algún vínculo con él. Para Ferrari, está en la lista negra.
Ante este bloqueo, Ahmed se adapta. Acude a intermediarios, compra a través de otros perfiles e importa coches de Europa. Es una estrategia que le permite seguir comprando ciertos modelos, pero a costa de un esfuerzo extra... y a veces de mayores costes.
Al mismo tiempo, desarrolla su colección personal. Contrariamente a la creencia popular, no todos sus coches son de alquiler. Posee varios hipercoches encargados exclusivamente para él, con compromisos firmados con los fabricantes de no alquilarlos nunca.
Entre ellos figuran algunos modelos extremadamente exclusivos valorados en varios millones de euros, como el futuro Bugatti Tourbillon, un rarísimo McLaren W1 y el Aston Martin Valhalla. También menciona un pedido de Koenigsegg de un hipercoche de más de 2.000 caballos, prueba de la magnitud de sus inversiones.
La paradoja de un hombre apasionado convertido en empresario
Con el tiempo, una cosa ha cambiado: su relación con los coches. Como él mismo reconoce, los coches ya no le hacen soñar como antes. Comprar un modelo multimillonario se hace ahora... por teléfono.
La pasión ha dado paso a la lógica empresarial. Hoy en día, la gente mira un coche por el beneficio que puede generar o por su potencial de inversión. Algunos hipercoches incluso se compran sin intención de conducirlos, puramente por su valor futuro. Una paradoja para el hombre que, cuando era más joven, compró y reparó sus primeros coches por unos pocos miles de euros.
A pesar de sus colosales ingresos, varios millones al mes, Ahmed se plantea a veces bajar el ritmo. ¿El motivo? El estrés. Entre accidentes, seguros, gestión de más de 70 empleados y constantes imprevistos, el alquiler de supercoches dista mucho de ser un camino de rosas.
Hoy dice que gana más dinero en el sector inmobiliario... con muchas menos limitaciones. Pero es difícil dejarlo del todo. Su negocio sigue siendo su “bebé”, el que le permitió construirlo todo.
