
Desde hace varias semanas, Ferrari desvela información sobre su primer coche eléctrico 100 %, el futuro Ferrari Luce. Rendimiento de los hipercoches, colaboración con la NASA, diseño de Jony Ive... todo parece indicar que la marca de Maranello está preparando mucho más que un simple cambio tecnológico.
Pero en su último vídeo técnico, un detalle en particular nos ha llamado la atención. Es una idea casi paradójica, pero profundamente Ferrari: crear levas en el volante... en un coche eléctrico que no tiene caja de cambios. Y detrás de esta decisión, una frase lo resume todo: «faltaba algo».
¿Un Ferrari eléctrico demasiado perfecto?
Sobre el papel, el Ferrari Luce lo tiene todo para impresionar. Con un tiempo de 0 a 100 km/h de 2,5 segundos y una velocidad máxima de 310 km/h, se sitúa inmediatamente a la altura de los modelos más extremos de la marca.

Este rendimiento se debe, en particular, a su arquitectura eléctrica altamente avanzada. El coche se basa en cuatro motores independientes, capaces de gestionar cada rueda individualmente, con un sistema de control que ajusta el comportamiento del vehículo... 500 veces por segundo.
El resultado es una sensación de control total, incluso en condiciones extremas. Sobre hielo, en un circuito o a velocidades muy altas, los ingenieros explican que el coche da la impresión de ser más ligero de lo que realmente es. Pero ahí es precisamente donde empieza el problema.

Porque en un coche eléctrico, todo es inmediato. El par llega instantáneamente, sin acumulación, sin pausa, sin transición. La aceleración es lineal, brutal... casi demasiado perfecta. Y para una marca como Ferrari, esto plantea una cuestión fundamental: ¿dónde ha ido a parar la emoción?
«¿Dónde están los palés?»
En el último vídeo, los propios ingenieros admiten que faltaba algo. En los coches de combustión, las levas del volante no son sólo una herramienta. Contribuyen directamente a la experiencia de conducción. Puntúan la aceleración, anticipan las curvas y gestionan la aceleración. Crean interacción.

Pero en un coche eléctrico, desaparecen. Sin caja de cambios, sin marchas que cambiar, sin razón de ser. Y sin embargo, durante las primeras pruebas del Luce, un reflejo se repetía una y otra vez. «En otros coches eléctricos, solíamos buscarlas, pero ¿dónde están las levas? ¿Dónde están las levas? Esta falta de información casi instintiva llevó a Ferrari a replantearse por completo su función.
Paletas... para un control diferente del coche
En lugar de simular artificialmente las marchas, Ferrari ha optado por un enfoque mucho más interesante: dotar a las levas de una función real.
La leva izquierda, utilizada tradicionalmente para reducir marchas, se emplea ahora para controlar mejor la entrada en curva. La derecha se utiliza para optimizar la salida. En otras palabras, las levas ya no se utilizan para cambiar de marcha... sino para gestionar la dinámica del coche en tiempo real. Estos mandos se convierten en una interfaz directa entre el conductor y los sistemas de control.
Esta elección no es insignificante. Forma parte de una reflexión mucho más amplia de Ferrari sobre la experiencia de conducción. Con el Luce, la marca no se limita a gestionar las prestaciones. También tiene que hacer frente a nuevas limitaciones humanas. La aceleración instantánea, por ejemplo, es tan violenta que ha necesitado estudios con la NASA para comprender sus efectos en el organismo.
Como explicó el Director General Benedetto Vigna, una aceleración demasiado lineal puede perturbar el cerebro. Así que no se trata sólo de ir rápido, sino de hacer que esa velocidad sea “comprensible” y controlable para el conductor. Las levas ayudan a conseguirlo.
Permiten “trocear” la experiencia, aportar nuevos puntos de referencia, crear una forma de diálogo entre el hombre y la máquina. Incluso el sonido sigue esta lógica. Ferrari no intenta imitar un motor de combustión, sino trabajar sobre las frecuencias del motor eléctrico para crear su propia firma sonora, capaz de acompañar las sensaciones.
Durante las pruebas de conducción, algunos conductores hablaron de una experiencia “casi ilegal”. Otros hablaron de una profunda conexión con el coche, posible gracias a una interfaz más sencilla, directa y menos digital de lo que cabría imaginar.
Altamente tecnológico, con sus cuatro motores, baterías de Fórmula 1 y miles de simulaciones aerodinámicas, también pretende seguir siendo físico, intuitivo y casi mecánico en su enfoque. En un coche en el que todo podría haberse automatizado, suavizado y optimizado... Ferrari ha añadido deliberadamente interacción. Porque sí, incluso en la era eléctrica, el conductor tenía que tener algo que hacer.
