FCA vendió Magneti Marelli por 6.2 mil millones de euros; ocho años después, Stellantis podría volver a comprarla por mucho menos.

En 2018, la operación se presentó como una de las últimas grandes medidas estratégicas puestas en marcha durante la era de Sergio Marchionne (y concluidas por Mike Manley). Fiat Chrysler Automobiles se desprendió de Magneti Marelli, su proveedor histórico, por un importe de 6.2 mil millones de euros. Ocho años después, la historia podría dar un giro inesperado: Stellantis Ahora se plantearía recuperar parte de las actividades de Marelli, pero esta vez por una cantidad que, sin duda, no tendría nada que ver con la que se pagó en su momento.

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Y es que, mientras tanto, el proveedor italo-japonés ha pasado de ser un gigante mundial del sector de los componentes de automoción a convertirse en una empresa en graves dificultades, que se encuentra bajo protección judicial en Estados Unidos.

Ventas récord para FCA en 2018

Cuando se anunció en octubre de 2018, la venta de Magneti Marelli a la empresa japonesa Calsonic Kansei —controlada entonces por el fondo estadounidense KKR— sorprendió al mercado. Los analistas valoraban al fabricante de componentes entre 4.000 y 5.000 millones de euros, pero FCA consiguió finalmente 6.200 millones de euros.

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La operación da lugar a la creación del séptimo fabricante independiente de componentes para el sector del automóvil a nivel mundial. La nueva entidad, denominada Magneti Marelli CK Holdings, agrupa así cerca de 200 fábricas y centros de investigación en todo el mundo. La sede sigue estando en Milán y FCA asegura que quiere mantener una estrecha relación industrial con su antiguo proveedor.

En mayo de 2019, FCA cerró definitivamente la operación. El grupo ingresa unos 5.800 millones de euros netos y redistribuye una parte de los ingresos de la venta entre sus accionistas. En aquel momento, el director general, Mike Manley, explicó que esta operación permitía al fabricante volver a centrarse en sus actividades automovilísticas, al tiempo que proporcionaba a Magneti Marelli los medios para continuar con su desarrollo a nivel mundial.

De campeón del mundo a la quiebra

La realidad será muy diferente. Tras la fusión con Calsonic Kansei, la empresa adopta finalmente el nombre de Marelli y sigue fabricando una amplia gama de componentes: sistemas de suspensión, iluminación, electrónica, salpicaderos, aire acondicionado o incluso motores eléctricos.

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Sin embargo, el grupo irá encontrando progresivamente serias dificultades. La caída de los pedidos de varios grandes clientes, las perturbaciones en las cadenas de suministro tras la pandemia, las tensiones comerciales internacionales y la desaceleración del mercado del automóvil están debilitando su actividad.

Hace un año, Marelli se acogió a la protección de la ley de quiebras en Estados Unidos con el fin de reestructurar su deuda. La empresa, que sigue dando empleo a más de 40 000 personas en todo el mundo y cuenta con más de 150 centros industriales, busca ahora garantizar su supervivencia.

Stellantis podría recuperar algunas actividades

Según informaciones difundidas por Bloomberg, Stellantis estaría actualmente en negociaciones para adquirir algunas de las actividades de Marelli. El fabricante, dirigido por Antonio Filosa, estaría interesado, en particular, en la división de suspensiones. Las actividades en cuestión no se limitarían a Italia. También se estarían barajando plantas situadas en Polonia, Brasil y México. Por su parte, Nissan estaría estudiando la posibilidad de adquirir las actividades relacionadas con los sistemas de cabina y los salpicaderos en Japón.

Al parecer, aún no se ha llegado a ningún acuerdo, pero estas conversaciones se inscriben en el marco de la amplia reestructuración de Marelli.

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La ironía de la historia para Stellantis

La operación tendría un carácter especialmente simbólico. En 2018, FCA vendió la totalidad de Magneti Marelli por 6.200 millones de euros, una suma considerada muy favorable para el fabricante italiano. Hoy en día, algunas de estas actividades podrían volver a formar parte de Stellantis por una cantidad probablemente muy inferior.

Esta situación ilustra también la evolución del sector del automóvil en los últimos años. Los fabricantes de componentes, considerados durante mucho tiempo como actores sólidos y relativamente protegidos, sufren ahora las consecuencias directas de las fluctuaciones en la producción automovilística, la electrificación y la creciente presión sobre los costes.

Las dificultades de Marelli también se han visto agravadas por la caída de los volúmenes de algunos de sus principales clientes… en particular, Stellantis. Las políticas de reducción de costes aplicadas durante la etapa de Carlos Tavares habrían contribuido a trasladar parte de la producción a regiones más competitivas, lo que ha reducido progresivamente algunos de los pedidos asignados al fabricante de componentes.

Ahora queda por ver si Stellantis llevará las negociaciones hasta el final. Ocho años después de vender Magneti Marelli por una fortuna, el grupo podría recuperar finalmente parte de ese legado industrial italiano, aunque en un contexto radicalmente diferente.

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