Esta pareja se gastó el dinero de su boda en empezar una colección de coches italianos: «A mis padres les gustaban más los coches alemanes»

Foto: Satoshi Kamimura

Algunas colecciones de coches surgen tras un éxito profesional, una herencia o una pasión descubierta tarde. Otras cuentan una auténtica historia de amor. En Japón, una pareja de apasionados, apodada «la familia Thé» por sus amigos, ha ido creando a lo largo de los años una sorprendente colección de coches italianos compuesta por un Fiat 500 de 1974, un Abarth 695 Biposto, dos Fiat Barchetta e incluso un Alfa Romeo 159. Una aventura en la que los sentimientos, los sacrificios y los coches están estrechamente ligados.

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Su historia, contada por la revista japonesa MOTOR, demuestra hasta qué punto algunos coches pueden llegar a ser mucho más que un simple medio de transporte.

En primer lugar, un Abarth para conquistar a su futura esposa

Todo empieza incluso antes de su boda. Él, apasionado de los coches, se plantea entonces comprar un Toyota MR2 AW11. Pero su futura pareja ya tiene un Fiat 500 moderno y sueña con un Abarth. Finalmente, decide abandonar su proyecto inicial para comprar un Abarth 500. El objetivo es sencillo: llamar su atención gracias a este pequeño deportivo italiano…

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Por su parte, la señora cuenta que se enamoró del Fiat 500 cuando era estudiante. Habiendo crecido en una familia aficionada a los coches alemanes, descubrió en el pequeño italiano una personalidad completamente diferente.

Según ella, el Fiat 500 no era tan riguroso ni tan serio como los modelos alemanes. Sus vibraciones, sus ruidos mecánicos y su aspecto a veces frágil le daban casi la impresión de que era un coche que había que proteger. Una sensación que la sedujo de inmediato y que le hizo querer seguir siendo fiel a los coches italianos.

«A mis padres les gustaban más los coches alemanes, pero el 500 no tenía ese aire tan riguroso. Sus vibraciones y sus ruidos le daban cierta fragilidad, como si necesitara que lo cuidáramos».»

El Abarth se convierte así en el punto de partida de una relación amorosa, pero también de una pasión compartida.

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Y luego, un Fiat 500 clásico como regalo de boda

Tras la compra del Abarth en 2019, la pareja empezó a asistir a concentraciones de coches y a eventos dedicados a los vehículos italianos. Muy pronto, una idea vuelve a surgir con frecuencia: tener algún día un Fiat 500 clásico. El destino interviene cuando acompañan a un amigo a un taller donde este quiere ver un Lotus. Allí descubren un Fiat 500R de 1974. El flechazo es inmediato.

Fiat 500R de 1974. Foto: Satoshi Kamimura

La pareja tomó entonces una decisión que sorprendió a su entorno: el dinero que habían ahorrado para su boda se destinaría finalmente a comprar ese Fiat 500 histórico. Y es que, en aquella época, la pandemia de COVID no permitía organizar una gran ceremonia. Así pues, la pareja opta por invertir en su pasión común en lugar de en una recepción de boda tradicional. El Fiat 500R se convierte así en su auténtico regalo de boda.

«Como íbamos a pagar el coche entre los dos, pensamos que quizá era el momento de casarnos. Utilizamos el dinero que habíamos ahorrado para la boda para comprar ese Fiat 500R».»

El Fiat Barchetta, «barquito»

El Abarth 500 se utiliza para el día a día, mientras que el Fiat 500R se reserva para las salidas y los eventos. Sin embargo, este último cuenta con un sistema de frenos sin asistencia y una caja de cambios no sincronizada, lo que hace que sea más difícil de conducir.

La señora empieza entonces a buscar su propio coche. Recuerda haber visto un día un Fiat Barchetta en la calle y haberse quedado inmediatamente cautivada por su diseño. Sin embargo, durante mucho tiempo pensó que el descapotable italiano era inalcanzable, sobre todo debido a las versiones con volante a la izquierda y caja de cambios manual.

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Foto: Satoshi Kamimura

Más tarde, en un evento automovilístico, ve a una mujer al volante de un Barchetta. Ese encuentro supone un punto de inflexión. Unas semanas más tarde, un Fiat Barchetta azul Mare de 1998 se une a la colección. Según su propietaria, el coche transmite sensaciones muy especiales. Su comportamiento suave y fluido se adapta perfectamente a su estilo de conducción. Explica que el nombre «Barchetta», que significa «barquito», describe a la perfección la sensación al volante. El coche no es especialmente rápido, pero le ofrece exactamente lo que buscaba.

El Alfa Romeo 159… temporalmente

El garaje sigue ampliándose. Además de conservar el Abarth 500, el Fiat 500R y el Barchetta, la pareja añade un Alfa Romeo 159, simplemente porque llevaban mucho tiempo queriendo probar ese modelo. No obstante, este Alfa Romeo será sustituido por un Porsche 944 Cabriolet, lo que demuestra que la curiosidad automovilística de la pareja no se limita exclusivamente a los coches italianos. ¡Pero Italia no tardará en volver a tomar la delantera!

El Abarth 695 Biposto

En 2024, el marido se entera de que un amigo quiere vender una Abarth 695 Biposto cuidadosamente conservado. Desde sus inicios en Abarth, considera que el Biposto es el modelo por excelencia de la marca. Esta versión especialmente escasa, de la que solo se fabricaron unos pocos ejemplares en Japón, está equipada con la famosa caja de cambios de engranajes de garras y es uno de los Abarth más extremos que se han comercializado jamás.

El problema es sencillo: la pareja acaba de comprar el Porsche 944 y sus recursos económicos son limitados. Al final, es su esposa quien lo convence. Según sus propias palabras, ya no podía soportar verle dudar. Para reunir el presupuesto necesario, la pareja decide incluso rescindir sus pólizas de seguro de vida.

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Foto: Satoshi Kamimura

El Abarth 500, que había propiciado su encuentro, sale entonces del garaje para dejar paso al exclusísimo 695 Biposto. Al principio, a su nuevo propietario le resulta especialmente difícil de conducir. La falta de aire acondicionado, el embrague reforzado y la caja de cambios de dentados hacen que el coche sea exigente. Pero con el tiempo, aprende a apreciar su mecánica y sus particularidades. Mecánico de profesión, le gusta comprender su funcionamiento y hoy afirma que el simple hecho de contemplarlo en su garaje ya le proporciona una gran satisfacción.

Dos Fiat Barchetta valen más que uno

La historia podría terminar aquí, pero da un giro inesperado. Influenciado por su mujer y por otros propietarios que ha conocido a lo largo de los años, el marido también acaba deseando tener su propio Fiat Barchetta.

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La pareja ya tiene un modelo azul de 1998, pero cada uno tiene en mente una personalización diferente. La señora quiere mantener un estilo clásico, mientras que el señor sueña con una versión más deportiva.

Foto: Satoshi Kamimura

La solución es sencilla: comprar un segundo Barchetta. Así, una versión en azul noche del año 2000 se suma a la colección del garaje. Para la pareja, ver los dos Barchetta aparcados uno al lado del otro en casa supone ahora una auténtica alegría diaria.

Una pasión que no parece que vaya a desaparecer pronto

Hoy en día, estos apasionados japoneses explican que ya no basta con tener un solo coche. Cada uno tiene su función, su personalidad y sus emociones. Algunos están pensados para salidas deportivas, otros para los desplazamientos diarios o, simplemente, para el placer de conservar un modelo antiguo.

La señora explica también que el Barchetta le ha abierto las puertas a un universo mucho más amplio: el de los diseñadores de automóviles y la filosofía que se esconde tras cada modelo. Y cuando aún quedan tantas cosas por descubrir, un solo coche ya no es suficiente.

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Texto original: Yuya Murayama (Redacción de ENGINE). Fotos: Satoshi Kamimura.

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