Crea un Lamborghini impreso en 3D en su jardín por sólo 17.000 euros, rechaza una cuantiosa oferta... y crea un segundo supercoche

Hace unos años, la historia de Sterling Backus dio la vuelta al mundo. Este ingeniero estadounidense, apasionado de la mecánica y las nuevas tecnologías, se embarcó en un proyecto totalmente descabellado: construir su propio Lamborghini en el jardín de su casa utilizando impresoras 3D de consumo. Tras cuatro años de trabajo y un presupuesto de unos 20.000 dólares, o casi 17.000 euros, triunfó donde muchos ni siquiera se habrían atrevido a empezar.

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Pero la aventura no terminó con este primer supercoche. Mientras su Lamborghini sigue evolucionando, Sterling Backus trabaja ahora en un segundo proyecto igual de ambicioso: un nuevo supercoche reconstruido mediante impresión 3D.

Todo empezó con una simple partida de videojuegos

Los orígenes de esta aventura casi parecen el guión de una película. Sterling Backus nos cuenta que todo empezó cuando estaba jugando a Forza con su hijo en la Xbox. En la pantalla apareció un Lamborghini Aventador, un coche que fascinó al pequeño. Buscando un proyecto de padre e hijo para aprender sobre mecánica de coches, cambio de neumáticos y los fundamentos del funcionamiento del motor, a Sterling se le ocurrió una idea que parecía completamente irreal: ¿por qué no construir un coche juntos?

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Lo que empezó como una discusión familiar se convirtió rápidamente en un proyecto colosal. Su hijo participó en las distintas etapas, desde el desmontaje del motor hasta algunas de las operaciones de soldadura, mientras descubría las posibilidades que ofrece la impresión 3D.

Un Lamborghini nacido en un jardín

El resultado es ahora bien conocido por los entusiastas del automóvil. El Lamborghini inspirado en el Aventador SVJ se fabricó casi íntegramente con piezas impresas en 3D. Fueron necesarias cientos de horas de diseño por ordenador antes incluso de empezar la producción. Utilizando software CAD, Sterling modeló los distintos componentes del coche. Una de las ventajas de este método es que a menudo basta con diseñar una mitad del vehículo antes de reproducir simétricamente el otro lado.

A lo largo de los años, las impresoras 3D han trabajado casi sin descanso. Los paneles de la carrocería se han impreso pieza a pieza antes de ensamblarse como un gigantesco rompecabezas. Por supuesto, algunas piezas siguen siendo imposibles de fabricar en el taller. El chasis, el motor e incluso algunos de los complejos componentes mecánicos proceden de otros vehículos. Pero la mayor parte de la carrocería se fabricó en casa. La historia adquirió una dimensión inesperada cuando le ofrecieron unos 100.000 dólares por comprar su creación. Sterling Backus rechazó la oferta, a pesar de que la suma superaba con creces el coste del proyecto. Para él, este Lamborghini representa mucho más que un coche: es el símbolo de años de trabajo compartido con su hijo.

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Lamborghini descubrió el proyecto... y le encantó

Cuando las imágenes de este Lamborghini impreso en 3D circularon por Internet, la atención de los medios de comunicación fue considerable. Los ecos del proyecto llegaron incluso a Sant'Agata Bolognese, la sede histórica de Lamborghini en Italia. Sterling admite que al principio pensó que le esperaba un aviso legal. Al fin y al cabo, los fabricantes de automóviles suelen proteger su imagen y su propiedad intelectual de forma muy estricta.

Según él, los directivos de Lamborghini quedaron conquistados por la historia de este proyecto familiar y por el uso innovador de la impresión 3D. La marca incluso se puso en contacto con él para colaborar en una campaña publicitaria que se emitirá durante las fiestas de 2019.

Este reconocimiento oficial ha dado a su trabajo una visibilidad considerable y ha contribuido al desarrollo de su canal de YouTube, donde ahora comparte sus experiencias con una comunidad de entusiastas de la impresión 3D.

Después de Lamborghini, es hora de un McLaren

Lejos de dormirse en los laureles, Sterling Backus se ha embarcado en un nuevo reto. Utilizando las habilidades que adquirió construyendo su Lamborghini, ahora está trabajando en un McLaren 600LT.

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Esta vez, el enfoque es diferente. En lugar de empezar de cero, ha rescatado los restos de un McLaren de un desguace. El objetivo es reconstruir gradualmente el vehículo, utilizando piezas originales cuando estén disponibles e impresión 3D para sustituir las que falten.

Es un método especialmente interesante si se tiene en cuenta lo caras y difíciles de encontrar que pueden ser algunas piezas de supercoches. Por ejemplo, una serie de componentes de faros, soportes y carrocería se recrean ahora directamente a partir de modelos digitales antes de imprimirse en el taller.

La tecnología evoluciona a gran velocidad

Uno de los aspectos más impresionantes del proyecto es la evolución de la propia tecnología. Cuando Sterling empezó a fabricar su Lamborghini, algunas piezas tardaban varios días en imprimirse. Hoy, con máquinas más modernas, las mismas piezas pueden fabricarse hasta tres veces más rápido.

Esta mejora de las prestaciones le permitió acelerar considerablemente el desarrollo de su McLaren y de las nuevas piezas para su Lamborghini. Los materiales también han evolucionado. Algunas piezas mecánicas se fabrican ahora con filamentos reforzados con fibra de carbono o nailon técnico, que son lo bastante resistentes para usos más exigentes que la simple carrocería.

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Mucho más que un supercoche

Para Sterling Backus, el objetivo va mucho más allá de la simple construcción de coches. Una vez terminadas las carrocerías, tiene previsto recubrir ciertas partes con fibra de carbono (más información al respecto próximamente), pintar los vehículos y presentarlos en salones del automóvil y ferias dedicadas a la impresión 3D. Pero, sobre todo, estos coches se utilizarán como material didáctico. Los lleva regularmente a los colegios para mostrar a los alumnos lo que se puede conseguir combinando ciencia, ingeniería, mecánica e impresión 3D.

Porque detrás de este Lamborghini de 17.000 euros y de este futuro McLaren se esconde un mensaje: con pasión, paciencia y nuevas tecnologías, proyectos que antaño parecían patrimonio exclusivo de los grandes fabricantes ahora pueden cobrar vida... en un jardín.

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