
Imagina que estás paseando por un tranquilo pueblo inglés y te topas de frente con una comitiva de Ferrari cuyo valor supera los 60 millones de euros. Sin embargo, esta es precisamente la insólita escena que tuvo lugar en los Cotswolds, donde Supercar Driver reunió a algunos de los Ferrari más emblemáticos de la historia para un viaje por carretera de dos días. Una concentración excepcional que demuestra que un Ferrari está hecho para rodar, no solo para quedarse parado en un garaje.
Doce Ferrari legendarios por las carreteras inglesas
La caravana tenía todo lo necesario para llamar la atención de todo el mundo. Se habían reunido doce Ferrari de la mítica gama de los «F-Cars»: seis F40, dos 288 GTO, dos F50, un Enzo y un LaFerrari—, a los que se sumaba un espectacular Daytona SP3, lo que elevaba el número total de Ferrari del cortejo a 13. Una reunión prácticamente inédita, dado que estos modelos se han vuelto tan escasos, valiosos y, a menudo, están confinados en colecciones privadas.




La salida tuvo lugar en la nueva sala de exposiciones de Tom Hartley Junior, tras lo cual los propietarios se dirigieron hacia las pequeñas carreteras rurales. En cada parada se repetía la misma escena: el tráfico se ralentizaba, los transeúntes sacaban sus teléfonos y los pueblos parecían quedarse paralizados ante esa impresionante fila de Ferrari. En Broadway, la caravana llegó incluso a acaparar literalmente la atención de toda la ciudad, atrayendo a una multitud que acudió a admirar estos coches que casi nunca se ven reunidos en un mismo lugar.

Los Ferrari recuperan por fin su vocación
El objetivo de Supercar Driver era claro: recordar que estos modelos míticos se diseñaron para ser conducidos. Los organizadores lamentan que la mayoría de estos Ferrari pasen hoy en día su vida en garajes, ya que su valor se ha disparado en los últimos años.



Para muchos propietarios, la experiencia fue única. Algunos incluso conducían su F40 por carretera por primera vez. Todos describen la misma sensación: un coche exigente, sin ayudas electrónicas, que transmite cada detalle al conductor y ofrece una experiencia de conducción que ya casi no se encuentra en los deportivos modernos. Ver varios F40 circulando juntos por la carretera es, además, un espectáculo casi tan impresionante como conducir uno.
Una visita a Nick Mason antes de la sorpresa de Nigel Mansell
El segundo día, la caravana se permitió una parada muy exclusiva en casa de Nick Mason, el batería de Pink Floyd y gran coleccionista de Ferrari. Su famoso F40, que compró nuevo, tiene una característica única: una luneta trasera especialmente modificada para mejorar la visibilidad, un detalle que permite reconocer inmediatamente su ejemplar.

La visita a su colección privada se mantuvo en secreto, pero los Ferrari alineados frente a su jardín ya constituían un espectáculo excepcional.

El final deparó otra gran sorpresa con la llegada de Nigel Mansell. El excampeón del mundo de Fórmula 1, que pilotó para Ferrari, compartió algunos recuerdos de su época al volante de un F40, que describe como un auténtico coche de carreras homologado para circular por carretera. También reveló que había llegado a tener hasta 35 Ferrari a lo largo de su vida, antes de concluir con una declaración que resume a la perfección el espíritu de esta aventura: «Me encanta Ferrari y me encantan los coches de Ferrari».»

Más allá del valor astronómico del convoy, estimado en cerca de 50 millones de libras (unos 60 millones de euros), esta escapada quedará sobre todo en el recuerdo como una demostración de lo que estos Ferrari representan realmente: máquinas excepcionales que alcanzan su máxima expresión cuando salen de los museos y las colecciones para volver a la carretera.
