
Vender un Ferrari para comprar una De Tomaso Pantera. Para mucha gente, esto casi parece una herejía. Sin embargo, eso es precisamente lo que hizo Jack Pegoraro, coleccionista y aficionado a los coches antiguos. Después de haber tenido un Ferrari 308, el famoso Ferrari que se convirtió en un icono gracias a la serie Magnum, decidió deshacerse de él para comprarse un De Tomaso Pantera de 1973. Una decisión que él mismo resume con una simple pregunta: «¿Me he vuelto loco?».»

Para muchos, cambiar un Ferrari V8 por un modelo con motor V8 de Ford podría parecer una locura. Sin embargo, tras tres años de restauración, Jack está convencido de haber encontrado algo aún más excepcional: un coche con una personalidad única.
Un superdeportivo italiano diferente a todos los demás
El De Tomaso Pantera ocupa un lugar especial en la historia del automóvil. Diseñado por Tom Tjaarda para Ghia bajo el impulso de Alejandro De Tomaso, combina un espectacular estilo italiano con una robusta mecánica estadounidense. Frente a un Ferrari 308, el Pantera ofrece una imagen totalmente diferente. Más ancho, más bajo y más agresivo, luce una silueta angulosa típica de los años 70. Para Jack, es precisamente ese aspecto lo que marcó la diferencia. «Parece vivo», explica. «Podría pasarme todo el día mirándolo».»


Durante su restauración, incluso renunció al color gris plateado original para darle un tono mucho más atrevido: un verde Lime Green muy poco común, que solo se ofrecía al principio de la vida útil del modelo. Según él, volver a pintar este Pantera de gris habría sido «como comprar un león o una pantera para darle lechuga de comer».
Un Ford V8 de 420 caballos que hace olvidar al Ferrari
Bajo el capó trasero se encuentra uno de los elementos más controvertidos del Pantera: su motor Ford Cleveland V8 de 5,8 litros. Lejos de considerar este motor estadounidense como un defecto, Jack lo ve, por el contrario, como una de las mayores cualidades de su coche. Si bien el motor desarrollaba unos 330 CV en su versión original, su Pantera se ha beneficiado de varias mejoras mecánicas, entre las que destacan un árbol de levas más deportivo, culatas Edelbrock y pistones de alta compresión. El resultado: la potencia alcanza ahora los 420 CV en el banco de pruebas.

En las pequeñas carreteras inglesas por las que suele circular, el propietario llega incluso a considerar que esa potencia es excesiva. Cada aceleración le recuerda por qué tomó esa decisión. «Este coche es increíblemente rápido», afirma. «Siento las fuerzas G como en casi ningún otro coche que haya conducido». El impresionante agarre que ofrecen los modernos neumáticos Pirelli P7 permite transmitir toda esta potencia al suelo sin mayor dificultad.

Tres años de restauración y algunos sacrificios
Sin embargo, la restauración no fue precisamente un camino de rosas. Jack dedicó casi tres años a volver a poner su Pantera en marcha. Algunos detalles le salieron muy caros, como los silenciadores Ansa originales, que se fabricaron de nuevo especialmente y le costaron unas 2 500 libras esterlinas (unos 3000 euros). Incluso hoy en día, no todo es perfecto. El V8 sigue consumiendo muchísimo combustible a pesar de los numerosos intentos de ajustar el carburador. Según él, el coche solo recorre entre 8 y 10 millas por galón, es decir, unos 24 a 29 litros cada 100 kilómetros. Pero este defecto le parece casi anecdótico en cuanto la carretera se abre ante él.
El verdadero problema: la postura al volante
Paradójicamente, el mayor defecto de este Pantera no es ni su consumo ni su embrague, que resulta especialmente duro. El verdadero problema es mucho más inesperado: su ergonomía. Con una altura de casi 1,83 m, Jack explica que su cabeza casi toca el techo y que los mandos le molestan constantemente en las piernas. Otro problema es que los asientos le provocan fuertes dolores de espalda tras solo cuarenta minutos de conducción.


De entre los cientos de coches que ha probado, incluso incluye al Pantera en su «top 10 de las peores posiciones de conducción». Un problema lo suficientemente grave como para ponerse en duda su futuro con el coche.
Un coche imperfecto… pero irresistible
A pesar de todos sus defectos, Jack ya no se plantea desprenderse de él. El Pantera es más pesado que su Ferrari 308, menos refinado, menos cómodo y mucho más exigente en el día a día. Sin embargo, tiene algo que pocos coches pueden ofrecer: carácter. Cada vez que lo admira de perfil, cada vez que el V8 de Ford ruge a sus espaldas, todos los inconvenientes parecen desaparecer. «Me lo voy a quedar […] Este coche debe quedarse conmigo para siempre, o al menos todo el tiempo que sea posible».»

Entonces, ¿se le fue la cabeza al vender su Ferrari por un De Tomaso Pantera? A juzgar por lo que dice, la respuesta es no. Simplemente descubrió que un automóvil no se reduce a una marca de prestigio. A veces, un coche imperfecto pero entrañable puede proporcionar más emociones que un icono de Maranello. Y eso es precisamente lo que hace que este Pantera sea tan especial.
