
Hubo un tiempo en que la planta de Cassino simbolizaba el poder industrial de Fiat en Italia. En los años 90, casi 12.000 personas trabajaban allí a diario para producir modelos tan populares como el Fiat Tipo, el Tempra, el Bravo y el Brava. Hoy, el ambiente ha cambiado radicalmente. La planta, ahora propiedad de Stellantis, situada en el Lacio, emplea ahora a sólo 2.100 personas, y la preocupación por su futuro nunca ha sido mayor.
Una fábrica que representa desde hace tiempo el saber hacer industrial italiano
La planta de Cassino se inauguró a principios de los años setenta para apoyar la expansión industrial de Fiat. Con sus líneas ultrarrobotizadas y una capacidad de producción de más de 250.000 vehículos al año, era uno de los centros más modernos del grupo.

Durante varias décadas, Cassino produjo algunos de los modelos más importantes de Fiat: Ritmo, Tipo, Bravo, Stilo, Giulietta... Coches vendidos en toda Europa, capaces de mantener la fábrica funcionando a pleno rendimiento. Pero la situación se ha deteriorado rápidamente en los últimos años. Hoy en día, Cassino produce principalmente el Alfa Romeo Giulia, Stelvio y el Maserati Grecale. Se trata de modelos de bajo volumen, muy lejos de las grandes series que solían sostener la planta.

Una producción que se ha convertido casi en un símbolo
Según la información facilitada por los sindicatos, la planta de Cassino habrá producido menos de 20.000 vehículos en 2025. Una cifra extremadamente baja para una planta capaz de producir varios cientos de miles de unidades al año. En la presentación del plan estratégico «FaSTLAne 2030» en Detroit, el nuevo Director General de Stellantis, Antonio Filosa, se mostró muy vago sobre el futuro de la planta italiana. Lo único que dijo fue que «Cassino tiene un futuro ligado al plan Maserati, que se presentará en diciembre».
Mientras tanto, los sindicatos se muestran abiertamente preocupados. Tras las garantías de que ’no se cerrará ninguna planta«, las cifras cuentan otra historia. Los representantes de Fiom-Cgil estiman que el plan Stellantis reducirá la capacidad de producción en 800.000 vehículos en Europa. Y los centros italianos más vulnerables, como Cassino y Termoli, parecen estar en primera línea.
De 1 millón de coches en Italia... a 800.000 para toda Europa
Lo que también llama la atención en este caso es el espectacular cambio de ambiciones industriales. Hace sólo unos años, el Gobierno italiano pedía públicamente a Stellantis un plan para producir al menos un millón de vehículos al año... sólo en Italia. En aquel momento, el grupo producía unos 750.000 vehículos en el país.
Hoy, la situación parece casi absurda: según los sindicatos, Stellantis prevé ahora reducir su capacidad de producción europea en 800.000 unidades. Mientras tanto, la producción italiana ya se ha reducido casi a la mitad con respecto a las ambiciones fijadas para 2024. El contraste ilustra perfectamente el cambio de estrategia del Grupo. Bajo Carlos Tavares, y ahora Antonio Filosa, Stellantis se centra cada vez más en un enfoque global y multirregional. Las grandes inversiones se orientan hacia América del Norte, considerado el mercado más rentable, mientras que Europa se enfrenta a alianzas industriales (con grupos chinos) y a una reducción progresiva de los costes.
Cassino, ¿símbolo del declive industrial de Italia?
Cassino es mucho más que una fábrica de automóviles. Para muchos italianos, se ha convertido en un símbolo del declive gradual de la industria automovilística nacional. En los años 90, cada puesto de trabajo directo creaba hasta seis indirectos en la región. Hoy, este efecto económico se ha reducido mucho. Las sucesivas salidas, los periodos de jornada reducida y la caída de los volúmenes han debilitado profundamente todo el ecosistema local.
Y a pesar de los ambiciosos anuncios de Stellantis de 60 nuevos modelos y 60.000 millones de euros de inversión de aquí a 2030, Italia sigue esperando respuestas concretas para sus plantas históricas. En Cassino, los empleados ya han visto cómo la plantilla se reducía de 12.000 a 2.100 en el espacio de unas pocas décadas. Muchos temen ahora que este no sea el final de la espiral descendente. Los sindicatos calculan que la plantilla podría reducirse a 1.900 trabajadores en unos meses.