Perdió las piernas salvando a dos niños... su primera pregunta en el hospital fue sobre su Lamborghini: «¿Podré seguir conduciendo?»

Algunas historias automovilísticas van mucho más allá de la pasión por los motores y los supercoches. La historia de un hombre apodado AB, que hoy posee un Lamborghini Aventador SVJ Roadster, es una de esas historias que nos recuerdan que detrás de algunos coches se esconden historias de vida extraordinarias. Porque antes de convertirse en el hombre que recorre miles de kilómetros al volante de su Lamborghini, sufrió una tragedia que cambió su vida para siempre.

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Una noche que cambió su vida

Todo empezó hace unos siete años en la interestatal 45, una de las autopistas más transitadas de Texas. De camino a casa desde el trabajo, AB presenció un grave accidente. Sin dudarlo, se detuvo para ayudar a las víctimas. Su primer instinto fue poner a salvo a los niños. Dos niños muy pequeños, de uno y tres años, estaban en uno de los vehículos accidentados. Consiguió sacarlos y llevarlos al otro lado de la autopista. Después volvió al lugar del accidente para ayudar a los padres.

Pero el destino decidió otra cosa. Un camión llega a toda velocidad y atropella a las personas que se encontraban en el lugar del accidente. Los padres no sobrevivieron. Otras personas resultaron gravemente heridas. AB resultó gravemente herido y perdió las dos piernas. Los dos niños a los que había dado cobijo fueron los únicos que escaparon a la tragedia.

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Reconstrucción larga y dolorosa

Tras el accidente, la vida de AB cambia por completo. Pasó de ser independiente a tener que depender de otros para las tareas cotidianas más simples. Los meses se convirtieron en años de rehabilitación. Sillas de ruedas, operaciones, sesiones de fisioterapia, dolor constante: el camino hacia una nueva vida es especialmente difícil.

A pesar de ello, se niega a que su discapacidad le defina. El apoyo de sus allegados desempeñó un papel esencial en su reconstrucción. Aún más sorprendente fue el hecho de que su futura esposa formara parte del equipo médico que le atendía en el hospital. Fue un encuentro que tuvo lugar en circunstancias trágicas y que acabaría cambiando su vida. El dolor aún le acompaña. Explica que le resulta difícil permanecer mucho tiempo de pie sin sentir dolor. Sin embargo, tras años de esfuerzo, ha recuperado la capacidad de caminar gracias a sus prótesis. Una vuelta a la normalidad que él considera una gran victoria.

El coche como terapia

Desde niño, AB ha vivido y respirado automovilismo. Hijo y nieto de aficionados a la mecánica, ya trabajaba en el negocio familiar antes de su accidente. Cuando los médicos le dijeron que podría seguir conduciendo a pesar de su discapacidad, fue una de las primeras buenas noticias que recibió.

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«¿Podré seguir conduciendo?» fue la primera pregunta que se hizo tras el accidente. La respuesta fue sí. Y esa respuesta lo cambió todo. Tras el accidente, AB explica que recibió una indemnización económica que le permitió mantener el negocio familiar, montar su propio taller de coches y desarrollar gradualmente su colección de automóviles.

Con los años, los coches se han convertido en su verdadera terapia. Reconoce haber tenido numerosas sesiones con psicólogos, pero nada le aporta la misma paz que unos kilómetros al volante. Según él, cinco minutos de conducción bastan a veces para transformar un día entero.

Para conducir, se ha adaptado. Su pie izquierdo acciona el freno mientras que su pierna derecha controla el acelerador. Es una técnica que se ha vuelto totalmente natural para él con el tiempo. Rechaza los mandos manuales que suelen utilizarse en este tipo de situaciones, y quiere que su experiencia al volante sea lo más parecida posible a la de un conductor sin discapacidad.

Su Lamborghini SVJ se convierte en un símbolo de resistencia

La estrella de su garaje es sin duda un Lamborghini Aventador SVJ Roadster. Contrariamente a lo que podría pensarse, AB no poseía un Lamborghini antes de su accidente. Por aquel entonces, ya conducía algunos buenos coches, como BMW M3, Ford Mustang Shelbys y Mercedes-AMG, pero los supercoches italianos seguían estando fuera de su alcance.

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En la actualidad, su SVJ ha recorrido más de 15.000 millas. Una rareza en el mundo de los hipercoches, donde muchos propietarios prefieren conservar sus coches como objetos de coleccionista. Él hace exactamente lo contrario. A pesar de las lucrativas ofertas que ha recibido, se niega a vender su Aventador. Afirma que ningún otro coche le produce las mismas sensaciones. Para él, este Lamborghini representa mucho más que un coche: simboliza su nueva libertad.

Una pasión que sigue creciendo

Con los años, AB también ha desarrollado su propio taller de coches. Lo que empezó como un garaje privado para guardar su colección se ha convertido en un negocio en toda regla especializado en el mantenimiento de coches de alta gama.

Su colección también incluye varios Lamborghinis, entre ellos un Revuelto, un Murciélago LP640 Roadster y un Urus Performante. Sin olvidar algunos modelos más atípicos, como un BMW M3 E93 manual, un Honda S2000 preparado para la competición y un Porsche GT4 RS que pertenece a su mujer.

Sin embargo, AB insiste en un punto: el dinero y los coches no son lo más importante. Lo que más le importa son sus cuatro hijos, su familia y las personas que le ayudaron a recuperarse tras la tragedia.

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«No cambiaría nada»

Al final de la entrevista, le hicieron una pregunta especialmente difícil: si pudiera volver atrás en el tiempo, ¿cambiaría algo? No. A pesar del sufrimiento, a pesar de la pérdida de sus piernas y de todas las pruebas por las que ha pasado, dice que no cambiaría nada. En su opinión, rememorar el pasado no cambiaría lo sucedido.

Su mensaje a quienes se encuentran hoy en situaciones similares es sencillo: nunca te rindas, aunque todo parezca perdido. Porque con tiempo, apoyo y determinación, puedes reconstruir tu vida. Y a veces incluso volver a ponerse al volante de un Lamborghini V12 de 800 CV.

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