
En el cerrado mundo de los hipercoches, ciertas frases lo dicen todo: «mi F80 ya vale un millón más». Sin embargo, detrás de esta espectacular afirmación se esconde una realidad con muchos más matices que la simple fantasía de una inversión fácil. Porque a Ferrari, comprar un hipercoche como el Ferrari F80 no es sólo cuestión de dinero. Es sobre todo una cuestión de paciencia, lealtad... y estrategia.
El propio Bailey nos lo recuerda: tardó 22 años en llegar a lo más alto de la lista de clientes. Es una espera interminable, salpicada de compras a veces no deseadas, pero imprescindibles si se quiere acceder a los modelos más exclusivos.
Un F80 inalcanzable... incluso para los ultrarricos
Contrariamente a lo que pueda pensar, poseer millones no es suficiente. No se puede entrar en un concesionario y pedir un Ferrari F80 como si fuera un coche normal. Ferrari selecciona a sus clientes. Y para ganarte el derecho a comprar un hipercoche, tienes que haber demostrado tu fidelidad a la marca, a menudo comprando numerosos modelos antes, a veces con pérdidas. Bailey lo dice sin rodeos: «No importa lo rico que seas, no puedes comprar un F80 sin estar en la lista».»

Este sistema elitista crea mecánicamente una escasez extrema. Como resultado, algunos coches se revalorizan en cuanto se entregan. Ya ocurrió con el Ferrari LaFerrari, el McLaren P1 y el Porsche 918 Spyder, famosos por duplicar rápidamente su precio. El F80 parece seguir exactamente el mismo camino.
Ganar un millón... perdiendo dinero en otra parte
Si bien el F80 puede generar un valor añadido inmediato, el camino para llegar a él dista mucho de ser rentable a corto plazo. El propio Bailey admite que para jugar el juego de Ferrari hay que estar preparado para perder dinero con otros modelos. Menciona, por ejemplo, algunos coches que se han comprado y vendido con pérdidas sustanciales, simplemente para mantenerse en gracia del fabricante.
Esa es la lógica del sistema: perder con los modelos “clásicos” para acceder a los que explotan en valor. Un ejemplo llamativo: explica que perdió unas 70.000 libras con un Ferrari Roma... pero ganó mucho más con sus modelos exclusivos.
Esta estrategia a largo plazo le ha permitido reunir una extraordinaria colección. En la actualidad, Paul Bailey posee 89 coches, con un valor estimado de 60 millones de euros. Entre ellos figuran iconos absolutos como el Ferrari F40, el Ferrari Enzo y el LaFerrari, todos los cuales utiliza con regularidad.
¿Inversión o pasión?
A pesar de las impresionantes cifras, Bailey se niega a definirse como un simple inversor. «No compro coches para invertir. Los compro porque me encantan. Sin embargo, los resultados están ahí. Tras una revalorización posterior a Covid, se dice que su colección ha generado unos beneficios de más de 14 millones. Sus coches son a la vez objetos de placer... y activos financieros. Incluso los compara con inversiones como el vino o las propiedades, con una gran diferencia:
un coche puede utilizarse mientras aumenta su valor.
El Ferrari F80, símbolo máximo de un sistema
Al final, la frase «mi Ferrari F80 ya vale un millón más» no es sólo un golpe de suerte. Es el resultado de un sistema perfectamente dominado:
- años de lealtad a Ferrari
- pérdidas aceptadas en determinados modelos
- una estrategia de compras a largo plazo
- y acceso a los coches más exclusivos
El F80 es el símbolo de un círculo cerrado en el que sólo pueden entrar unos pocos apasionados, pacientes y estratégicos... y en el que, a veces, un coche puede valer un millón más nada más salir del garaje.
