El responsable de diseño de Maserati le preguntó a Giorgetto Giugiaro qué era el diseño italiano, y su respuesta fue: ‘No existe’

Cuando asumió la responsabilidad del diseño de las marcas italianas en 2015, Klaus Busse se enfrentó a una pregunta tan sencilla como intimidante: ¿qué es lo que hace que un diseño sea verdaderamente italiano? En lugar de conformarse con su propia interpretación, el actual director de diseño de Maserati fue a plantearle la pregunta a una de las personas que difícilmente podría estar mejor situada para responderla: Giorgetto Giugiaro.

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En una extensa entrevista concedida al podcast Charlas de los capítulos — Diseño, Klaus Busse relata esta conversación y la respuesta, cuando menos desconcertante, del maestro italiano. Una respuesta que, en última instancia, influyó profundamente en su forma de enfocar Maserati y, en un sentido más amplio, el diseño automovilístico italiano.

Desde Alemania y Estados Unidos hasta Maserati

Esta historia tiene algo especial, ya que Klaus Busse no es italiano. Nacido en Alemania, desarrolló una parte importante de su carrera en Mercedes-Benz en 1995, antes de trasladarse en 2005 a Estados Unidos y incorporarse al mundo de Chrysler y FCA. En 2015, asumió la responsabilidad del diseño de Maserati.

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Busse explica que en Mercedes aprendió lo que él denomina «el verdadero arte del diseño automovilístico». Su estancia en Estados Unidos le habría enseñado después otra disciplina: el narrativa cultural, es decir, la capacidad de un objeto para narrar y representar la cultura de la que procede.

Cuando le propusieron ponerse al frente del diseño de las marcas italianas, tuvo claro una cosa: no quería hacer en Italia ni diseño alemán ni diseño estadounidense. Quería comprender qué significaba realmente hacer diseño italiano. Solo quedaba un problema: ¿cómo definirlo?

Klaus Busse le hace la pregunta a Giorgetto Giugiaro

Kaus Busse no quería basar esta definición únicamente en su propia sensibilidad. Por eso decidió acudir a Giorgetto Giugiaro. Evidentemente, la elección no fue nada fortuita. En la entrevista, el responsable de diseño de Maserati lo presenta como probablemente uno de los diseñadores de automóviles más importantes de la historia. El Volkswagen Golf, el Fiat Panda, el Lotus Esprit, pero también varios Maserati: la trayectoria de Giugiaro abarca décadas de creación automovilística.

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Kaus Busse le plantea, pues, directamente la pregunta: ¿qué es el diseño italiano? La primera reacción de Giugiaro le desconcierta. El diseñador italiano se echa a reír antes de responderle, en esencia, que «el diseño italiano no existe».

Una respuesta cuanto menos sorprendente si pensamos en la influencia mundial de los diseñadores de carrocerías italianos. Pero Giorgetto Giugiaro continúa con su razonamiento: siempre ha buscado hacer «lo mejor» de lo que era posible lograr en un momento dado. Y para él, eso es precisamente el diseño italiano.

El «secreto» estaría en no tener miedo a cambiarlo todo

Kaus Busse extrae de este intercambio una filosofía mucho más interesante que una fórmula estética. El diseño italiano no sería, por tanto, una colección de formas, proporciones o detalles que hubiera que reproducir de generación en generación. Consistiría en utilizar todas las posibilidades disponibles en una época determinada: la cultura, las herramientas del diseñador, pero también las nuevas tecnologías y los avances técnicos, y combinarlas para crear lo que parece ser la mejor respuesta posible en ese momento.

Para explicar esta diferencia, Kaus Busse contrapone esta filosofía al enfoque más evolutivo que conoció en Mercedes. Según cuenta, durante la presentación de un nuevo SL, se podían reunir las generaciones anteriores para mostrar la continuidad del modelo y esa progresión hacia una forma de perfección.

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Italia sería capaz de adoptar un enfoque mucho más radical. Kaus Busse pone como ejemplo el paso de la década de 1960 a la de 1970. Tras haber creado algunas de las carrocerías esculturales más admiradas de su época, los diseñadores italianos no dudaron en dar un giro hacia el diseño en cuña, caracterizado por líneas tensas y aristas mucho más marcadas, cuando la tecnología y la sociedad permitieron explorar esta nueva dirección.

Hacer algo magnífico ayer no impide, por tanto, hacer algo totalmente diferente mañana. Para Kaus Busse, esa «audacia», ese valor para emprender un nuevo camino hacia una idea novedosa, está profundamente arraigada en la cultura italiana.

Una filosofía que Maserati aplica hoy en día

Esta reflexión permite también comprender mejor el lenguaje estético que Klaus Busse pretende dotar a los Maserati actuales.

El diseñador identifica tres fuerzas capaces de transformar el diseño: la tecnología, las herramientas creativas y la evolución de la sociedad. En concreto, pone un ejemplo histórico muy concreto. En la década de 1950, las ventanillas laterales planas imponían ciertas formas a las carrocerías. La llegada de las lunas curvadas ofreció entonces una mayor libertad. Mientras que otros podrían haber conservado los mismos volúmenes por costumbre, los italianos aprovecharon esta posibilidad técnica para cambiar radicalmente sus siluetas.

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Esta filosofía se refleja hoy en día en Maserati, en su voluntad de evitar los artificios. Según Busse, un coche deportivo no necesita acumular signos externos de agresividad para demostrar su rendimiento. Critica, en particular, los tubos de escape falsos o las grandes tomas de aire ficticias que se utilizan como meros elementos estéticos.

El MC20 Ilustra especialmente este enfoque. Maserati podría perfectamente haber multiplicado las aberturas y añadido un alerón imponente para acentuar visualmente su condición de superdeportivo. El equipo de diseño optó por el enfoque contrario: trabajar la aerodinámica para que la propia carrocería cumpliera esta función y reducir al máximo las entradas de aire visibles.

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¿Y mañana?

Esta filosofía podría cobrar aún más sentido en los próximos años. Al ser preguntado sobre el automóvil de aquí a 2035 o 2036, Klaus Busse imagina un panorama profundamente transformado por la conducción autónoma. Sin conductor, algunos elementos que hoy en día son imprescindibles podrían perder su función: la parrilla del radiador con la electrificación, pero también, a la larga, los faros tal y como los conocemos. Los coches podrían entonces dar prioridad al espacio interior y acabar adoptando siluetas cada vez más similares entre sí.

Una marca de lujo como Maserati debe, por su parte, aportar algo mucho menos racional: el sueño y la emoción. Incluso en un futuro en el que las limitaciones técnicas hicieran que los automóviles se parecieran entre sí, Klaus Busse considera que Maserati deberá seguir expresando exteriormente la mecánica y la emoción, en lugar de limitarse simplemente al espacio disponible.

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