Lamborghini Diablo: lo usa a diario y aparca en las plazas reservadas para los padres: «No tienes nada que hacer aquí»

Para muchos aficionados al mundo del motor, un Lamborghini Diablo SV Es un coche de colección que solo sale a la calle cuando hace buen tiempo o para asistir a alguna concentración. Para Peter, un británico apasionado por los coches italianos, es simplemente un coche que utiliza casi como cualquier otro vehículo. Ir al trabajo, hacer la compra, llevar a los niños o dejarle las llaves a su mujer para el fin de semana: su Diablo SV de 1997 forma parte integrante de su día a día.

Publicidad

Una pasión que surgió desde muy joven… gracias a Ferrari

La historia comienza cuando él solo tiene unos diez años más que la edad mínima para conducir. Alrededor de los 18 años, Peter tiene la oportunidad de ponerse al volante de un Ferrari Testarossa que pertenecía a un amigo íntimo. Una experiencia memorable, seguida rápidamente por otra aún más impactante: ese mismo amigo cambió su Ferrari por un Lamborghini Diablo. El impacto fue inmediato. Peter se enamoró del superdeportivo de Sant’Agata Bolognese y se prometió a sí mismo que algún día tendría uno.

Unos años más tarde, cuando tenía unos 26 años, ya había cumplido su primer sueño al comprarse un Ferrari Testarossa amarillo importado de Suiza. En aquella época, el modelo no era especialmente codiciado y lo adquirió por algo más de 20 000 libras esterlinas (unos 23 000 €). Una suma que hoy en día parece casi irreal… Pero hace unos años aún se podían encontrar Ferrari Testarossa por menos de 80 000 €… así que, ¿por qué no?.

Publicidad

Se utiliza como un coche normal

A diferencia de muchos propietarios de Ferrari, Peter no considera su Testarossa como una pieza de museo. Lo utiliza para todo. Para ir del trabajo a casa, hacer la compra, los desplazamientos cotidianos e incluso ir al punto limpio. Cuando su coche habitual se averió un invierno, utilizó el Ferrari durante tres meses como único medio de transporte.

«Lo usaba para ir al trabajo, para ir al supermercado, para llevar la basura al punto limpio. La gente me miraba raro, pero para mí solo era un coche».»

Esta forma de vivir su pasión nunca cambiará. Cuando el valor de los Testarossa se disparó a mediados de la década de 2010, decidió vender el suyo. Entonces se pasó a Lamborghini con un Gallardo Superleggera naranja que utiliza exactamente de la misma manera: a diario, incluso en circuito.

La oportunidad de hacer realidad el sueño de su infancia

En 2019, Peter llevaba varios meses siguiendo de cerca un Lamborghini Diablo SV que se había puesto a la venta en el Reino Unido. El precio fluctuaba, hasta que de repente se volvió lo suficientemente atractivo como para que decidiera dar el paso. Se llega a un acuerdo que incluye la entrega de su Gallardo Superleggera a cambio y, por fin, se lleva el coche con el que había soñado desde la adolescencia: un Diablo SV amarillo de 1997. Desde entonces han pasado más de seis años y el cuentakilómetros marca ahora cerca de 84 000 kilómetros, una cifra excepcional para este tipo de modelo. Podría incluso tratarse de uno de los Diablo SV con más kilómetros del mundo.

Publicidad

Peter sigue utilizando su Diablo igual que utilizaba su Ferrari. Va al trabajo con él, lleva a sus hijos al supermercado y no duda en dejar que su mujer se ponga al volante cuando le apetece. Por supuesto, el coche impone algunas limitaciones. La visibilidad trasera es prácticamente inexistente en la versión SV, que no cuenta con una luneta trasera propiamente dicha. Las maniobras requieren atención y el radio de giro dista mucho de ser ejemplar. Pero para él, estos defectos forman parte del encanto del modelo. Sobre todo porque considera que, al fin y al cabo, un Diablo no es mucho más complicado de conducir que un superdeportivo moderno.

«Cogíamos ese coche para ir al supermercado con los niños. Aparcábamos en las plazas reservadas para los padres. La gente nos miraba como diciendo: «No tenéis nada que hacer aquí». Pero luego veían la silla infantil en el asiento delantero y ya no decían nada».»

Al igual que muchos Lamborghini de la década de los 90, el Diablo ha experimentado un espectacular aumento de su valor de mercado. Peter reconoce que su coche vale hoy varias veces más de lo que pagó por él en 2019. Sin embargo, se niega a cambiar su forma de actuar. Sigue conduciéndolo con regularidad, a pesar del aumento de su valor y de los costes de mantenimiento, que en ocasiones son elevados. En el momento de la compra, el V12 necesitaba, entre otras cosas, una reparación importante que incluía la sustitución de las juntas de culata, la restauración de las culatas y varias intervenciones mecánicas de envergadura. Unos gastos que él considera normales para un coche de esta categoría.

Su filosofía es sencilla: el placer de conducir el coche vale más que su valor económico.

Youtube #!trpst#trp-gettext data-trpgettextoriginal=6561#!trpen#vídeo#!trpst#/trp-gettext#!trpen#
Publicidad

¿Te gusta esta entrada? ¡Compártelo!

Deja tu opinión