Este coleccionista ha tardado 10 años en conseguir el derecho a acceder a los Ferrari más exclusivos, y no es una cuestión de dinero

Comprar un Ferrari no basta para aspirar a hacerse con los modelos más exclusivos de Maranello. Así lo explica Jordan, uno de los mayores coleccionistas de la marca, quien nos descubre los entresijos de un mundo en el que el dinero, por sí solo, no abre todas las puertas.

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Más que un coche, una experiencia reservada a unos pocos privilegiados

Para ilustrar su argumento, Jordan presenta su Ferrari Monza SP2, fabricada en una edición limitada de tan solo 499 ejemplares. Pero el coche es solo una parte de la historia. En el momento de la entrega, Ferrari entrega también una impresionante colección de objetos exclusivos: una maqueta de alta gama realizada por Amalgam, cascos, gafas de piloto, guantes, zapatos de cuero, un conjunto completo inspirado en los pilotos de los años 50 e incluso accesorios numerados y diseñados especialmente para cada propietario. Cada elemento forma parte integrante de la experiencia y acompaña al cliente mucho antes y después de la entrega de las llaves.

Según el coleccionista, Ferrari cuida cada detalle para que la compra de un modelo Icona o de una serie limitada se convierta en todo un acontecimiento. «No se trata de lo que compras, sino de por qué lo compras y de cómo te hace sentir», resume.

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Convertirse en un «cliente estrella» no es algo que se improvise

La pregunta que se hacen todos los aficionados es sencilla: ¿cómo se puede acceder a estos Ferrari que no se pueden pedir simplemente en un concesionario? La respuesta de Jordan es clara: hay que forjar una relación a largo plazo con la marca. Su trayectoria comenzó en 2015 y recuerda que su primer Ferrari ni siquiera era un modelo nuevo. Con el paso de los años, ha ido adquiriendo más coches con configuraciones muy personalizadas y ha participado activamente en la vida de Ferrari.

Para él, convertirse en un cliente privilegiado requiere varios años de compromiso. Hay que comprar regularmente modelos de la marca, elegir configuraciones ambiciosas, participar en los eventos organizados por Ferrari, apoyar las iniciativas benéficas asociadas al fabricante e incluso tomar parte en las actividades en circuito. Solo demostrando su fidelidad empiezan a abrirse las puertas de las series ultralimitadas.

Una relación que funciona en ambos sentidos

Jordan también destaca que ser un cliente privilegiado no consiste únicamente en recibir invitaciones exclusivas. La relación es permanente. Cuando su Monza SP2 no arranca, un técnico de Ferrari se desplaza directamente para solucionar el problema. Para él, esta cercanía ilustra a la perfección el funcionamiento del programa: el cliente apoya a su concesionario, y este le devuelve el favor cuando es necesario.

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Por otra parte, parece que esta fidelidad está dando sus frutos. Tras varios modelos excepcionales, Jordan confirma que ya tiene un Ferrari F80 en pedido. Una prueba más de que, en Ferrari, los coches más codiciados no se compran solo con un cheque cuantioso: hay que ganárselos a lo largo de los años.

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