Charles Leclerc se pasea por Mónaco en un Fiat 500 de época... con la misma librea que sus Ferrari

En Mónaco, no es raro toparse con supercoches excepcionales a la vuelta de cada esquina. Pero esta vez, fue una escena muy diferente la que acaparó las miradas... y los smartphones.

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En las últimas horas, varios vídeos y fotos compartidos en las redes sociales han mostrado a Charles Leclerc al volante de un pequeño icono italiano: un viejo Fiat 500. Hasta aquí, nada inusual para un entusiasta de los coches. Salvo que éste claramente no pasa desapercibido.

El coche tiene una librea muy distintiva: negro mate con una franja central roja y blanca. Un detalle que no ha pasado desapercibido para nadie, ya que es exactamente el mismo estilo visual que el que encontramos en algunos de los Ferrari personales del piloto monegasco, en especial su espectacular Ferrari Daytona SP3 y su radical Ferrari 488 Pista.

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Ver a un Fiat 500 clásico adoptar los códigos estéticos de los superdeportivos multimillonarios modernos no deja de crear un contraste sorprendente. En las callejuelas de Mónaco, la imagen es casi surrealista: Leclerc, sonriente, al volante de un coche italiano pequeño y popular, pero con un estilo digno de las máquinas más exclusivas de Maranello.

Y por si fuera poco, unas horas más tarde, el piloto fue visto de nuevo... pero esta vez con un aspecto mucho más familiar. Siempre en el Principado, se le vio al volante de un Ferrari SF90 XX Stradale, también configurado en negro mate con la famosa franja central roja y blanca.

Foto @dorianb1504

Un verdadero hilo estético, casi una firma personal, que une modelos que contrastan fuertemente: por un lado, un viejo Fiat 500, símbolo de sencillez e historia italiana; por otro, Ferraris ultramodernos, concentrados de tecnología y prestaciones.

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Ferrari Pista Charles Leclerc
Ferrari Daytona SP3 Charles Leclerc

Esta yuxtaposición dice mucho de la personalidad de Charles Leclerc. Detrás del piloto de Fórmula 1 y de los exclusivos hipercoches se esconde un amante de los coches en toda su diversidad, capaz de apreciar tanto un icono popular como una máquina de carreras homologada para la carretera. Y al final, tanto si está al volante de un pequeño Fiat 500 como de un Ferrari de más de 1.000 CV, una cosa sigue siendo cierta: en Mónaco, Charles Leclerc nunca pasa desapercibido.

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