
Existen Ferrari F40... y luego está éste. Una versión radical, transformada en los años 90 para ir mucho más allá de lo que Maranello había imaginado. Un F40 que no sólo se convirtió en un superdeportivo icónico, sino que también disfrutó de una auténtica carrera de carreras antes de desaparecer... y luego renacer.
Su historia comenzó en 1990, cuando salió de fábrica como un F40 clásico europeo. Entregado nuevo en Alemania, perteneció a un entusiasta de la marca que lo exhibió y corrió en circuitos como Mugello y Spa. Pero su destino cambió pronto.
Transformación radical con Peter Sauber
En 1994, el coche fue confiado a Hamann Motorsport, un tuneador alemán más conocido por sus BMW. Pero para este proyecto, Hamann pensaba a lo grande. Muy grande.
Para explotar todo el potencial del F40, recurrió a un nombre prestigioso: Peter Sauber, futuro jefe del equipo de Fórmula 1 del mismo nombre. Bajo su supervisión, el V8 biturbo recibió turbos KKK más grandes, mayor presión de sobrealimentación, componentes reforzados... y una preparación digna de un coche de carreras.


El resultado es espectacular: la potencia asciende a unos 700 CV en aquella época, con una evolución aún más avanzada en la actualidad gracias a la moderna gestión electrónica MoTeC, que permite al motor alcanzar hasta 720 CV. La transformación no acaba en el motor. El F40 recibe un frontal inspirado en el F40 LM, un enorme alerón trasero, así como mejoras en los frenos y la suspensión. Una auténtica máquina de guerra, diseñada para la pista.

Una verdadera carrera en la competición en 1996
A diferencia de muchas preparaciones extremas, este F40 no se quedará en un simple escaparate tecnológico. Entró en competición. En 1996, participó en las BPR Global GT Series, precursoras de los campeonatos GT modernos. En concreto, participó en las 4 Horas de Nürburgring y las 4 Horas de Spa-Francorchamps.



Pero, como ocurría a menudo con los equipos privados de la época, los limitados recursos complicaron la tarea. El coche se retiró en Nürburgring con un problema mecánico y terminó 26º en Spa. Resultados modestos, pero legitimidad real: este F40 compitió realmente al más alto nivel GT de su época.
Abandonado en un granero durante años
Tras su carrera en competición, el Ferrari pasó por varias manos en Alemania antes de trasladarse al Reino Unido a principios de la década de 2000. Y ahí es donde su historia da un giro casi irreal. Con el tiempo, el coche fue descuidado, olvidado... hasta que fue almacenado en un granero del norte de Inglaterra. Durante años, este F40 único, cargado de historia, permaneció abandonado. No fue hasta 2012 que un entusiasta de Ferrari lo redescubrió. Un entusiasta de Ferrari que, irónicamente, había tenido una vez un F40 nuevo... y se arrepintió de haberlo vendido.
Una restauración titánica para un renacimiento
Lo que siguió fue algo fuera de lo común. El coche fue confiado a Moto Technique en el Reino Unido para una restauración completa... y los resultados fueron brutales. La suspensión estaba destrozada, el sistema de frenos tuvo que reconstruirse por completo, los depósitos de combustible estaban en mal estado y había restos de un incendio eléctrico... el F40 había sufrido.
Pero en lugar de una simple revisión, el proyecto se convirtió en una restauración total. Cada pieza fue reconstruida o sustituida, con la ayuda de especialistas como Michelotto para ciertos componentes, y Crosthwaite & Gardiner para el motor. El V8 se reconstruyó por completo, con una moderna gestión electrónica que ofrece tres modos de potencia: alrededor de 550, 650 o 720 CV. La carrocería también se ha revisado a fondo, con una vuelta a la estructura original de carbono-Kevlar.
El resultado es espectacular: un F40 fiel a su historia y optimizado con conocimientos modernos.





Una pieza única que pronto se subastará
Hoy, este Ferrari F40 único vuelve a estar en el candelero... pero esta vez bajo los focos. Estimado entre 2,25 y 2,75 millones de euros, se ofrecerá en una subasta en Mónaco el 25 de abril de 2026. Un buen precio, que en nuestra opinión se justifica por su pedigrí extremadamente raro: un F40 modificado en su momento con la participación de Peter Sauber, inscrito en competición internacional y luego salvado de un largo retiro. Un coche que personifica la locura de los años 90: ¡radical, imperfecto y extremo!

