El Ferrari 348 fue destrozado por la prensa en su lanzamiento... «los que de verdad saben lo que hacen tienen todos uno»

Cuando apareció a principios de los 90, el Ferrari 348 no lo tiene fácil. Triunfando el muy elegante Ferrari 328, Llama la atención de inmediato. Su diseño más anguloso y radical contrastaba con las líneas fluidas de su predecesor. En su momento, la prensa especializada no le hizo ningún favor. Le llovieron las críticas, pero en realidad no se trataba de prestaciones. Se trataba sobre todo de su estilo, juzgado demasiado alejado de los códigos de la época. Ferrari, y su carácter exigente. Algunos periodistas también señalaron que su comportamiento, considerado delicado al límite, alimentó una reputación que se le pegaría durante mucho tiempo. Sin embargo, esta opinión es ahora ampliamente cuestionada.

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Un Ferrari aún “validado” por Enzo

Sin embargo, el 348 tiene un argumento de peso en la historia de la marca. Fue uno de los últimos Ferrari desarrollados durante la era Enzo Ferrari. Un detalle que, lógicamente, debería haber jugado a su favor desde el principio... pero que no fue suficiente para convencer a nadie en su momento. Sólo con el tiempo esta herencia adquiere un valor añadido a los ojos de los entusiastas.

Experiencia de conducción a la antigua

Lo que sorprende hoy del Ferrari 348 es precisamente aquello por lo que fue criticado. Donde los Ferrari modernos se han vuelto más fáciles, más asistidos, el 348 exige implicación. No hay dirección asistida, muy poca electrónica, una caja de cambios manual y sólo el ABS como ayuda a la conducción. El conductor está en el centro de todo. Cada curva, cada frenada, cada aceleración exigen atención.

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Pero ése es precisamente su encanto. La sensación es cruda, mecánica, casi analógica. El volante transmite cada bache de la carretera, hasta el punto de dar la impresión de “leer” el asfalto. Una sensación que muchos consideran perdida en los modelos modernos.

Defectos que se convierten en cualidades

Sí, el Ferrari 348 no es perfecto. No es el más rápido, ni el más cómodo, ni el más fácil de conducir al límite. Pero es precisamente esta imperfección la que resulta tan atractiva hoy en día. A diferencia de los supercoches modernos, que a menudo se consideran “demasiado perfectos”, el 348 te obliga a involucrarte. Tienes que aprender a entenderlo, a llegar a un acuerdo con su carácter. Y ahí es donde empieza la diversión. Un propietario lo resumió perfectamente: un coche perfecto no es necesariamente un coche interesante.

Un Ferrari sencillo... y a la postre tranquilizador

Otra sorpresa fue su sencillez mecánica. En una época en la que los Ferrari son cada vez más complejos, el 348 sigue siendo relativamente accesible para un deportivo de Maranello. No hay sensores excesivos, ni electrónica intrusiva, ni sistemas complicados. Como resultado, el mantenimiento es más fácil de entender y a menudo menos estresante que en modelos más recientes. Una revisión anual sigue siendo razonable para este tipo de coche, e incluso las operaciones más pesadas, como las revisiones, se mantienen bajo control. Este es un argumento que cuenta hoy en día para los entusiastas que quieren conducir... y no sólo coleccionar.

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Por fin sube la audiencia

Rechazado durante mucho tiempo, el Ferrari 348 vuelve a estar de moda. Mientras que hace unos años se podía negociar a precios relativamente asequibles, ahora los mejores ejemplares superan los 100.000 euros. Una subida lógica para un modelo que cumple una serie de requisitos: rareza, un diseño muy apreciado, conducción analógica y una posición fundamental en la historia de Ferrari.

“Todos los que saben de verdad lo que hacen tienen uno”.”

Ésta es probablemente la frase que mejor resume la venganza del Ferrari 348. Hoy en día, suelen ser los coleccionistas experimentados quienes lo buscan. Muchos poseen modelos más recientes, más potentes... pero siguen guardando un 348 en su garaje. No por sus cifras, sino por lo que aporta. Al fin y al cabo, el Ferrari 348 encarna una época pasada: una época en la que conducir un Ferrari exigía compromiso, en la que cada salida era un acontecimiento y en la que la máquina no hacía concesiones. Un coche imperfecto, sin duda. Pero profundamente entrañable. Y, sobre todo, ahora se reconoce su verdadero valor.

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