
Después de anunciar durante mucho tiempo el fin programado de la generación de electricidad a partir de combustibles fósiles en Europa, Stellantis da un nuevo giro. El fabricante de automóviles ha decidido reintroducir los motores diésel en gran parte de su gama europea. Una decisión que puede parecer paradójica en un momento en que Europa se lanza masivamente hacia el coche eléctrico 100 %, pero que el fabricante ha aceptado plenamente.
Interrogado por Reuters, el grupo se limitó a explicar que quería "mantener los motores diesel en su cartera y, en algunos casos, aumentar su gama de motores". En un comunicado, Stellantis afirma incluso que responde a "una demanda sostenida de sus clientes". Este cambio se produce en un contexto muy concreto: las ventas de vehículos eléctricos crecen menos de lo previsto y Europa suaviza progresivamente su marco reglamentario en torno al motor de combustión interna. En consecuencia, la transición está resultando más larga y compleja de lo previsto a principios de la década de 2020.
El diésel vuelve poco a poco a los concesionarios
En la práctica, el cambio comenzó discretamente a finales de 2025. Una serie de modelos que antes sólo estaban disponibles como vehículos eléctricos ahora lo están en versión diésel. Es el caso de los monovolúmenes Opel Combo, Peugeot Rifter y Citroën Berlingo, que ahora están disponibles con el motor BlueHDi de 100 CV. La lógica es simple: estos vehículos familiares o de negocios se siguen utilizando para viajes largos, un ámbito en el que los vehículos eléctricos todavía tienen dificultades para convencer.
Este fenómeno no se limita a los vehículos comerciales. El Peugeot 308, el Opel Astra y el DS N°4 también tendrán motores diésel, junto con los híbridos y los eléctricos. En cuanto a las marcas italianas, nada cambia: los Alfa Romeo Tonale, Giulia y Stelvio seguirán funcionando con gasóleo. Una confirmación importante para los clientes europeos que siguen muy apegados a esta tecnología.

Unos quince modelos afectados
En total, una quincena de vehículos se ven directamente afectados por esta vuelta al gasóleo en Europa, entre ellos varias furgonetas como la Opel Vivaro y la Citroën SpaceTourer. El Grupo no habla de una vuelta masiva, sino de un ajuste estratégico para cubrir todos los usos. Este reposicionamiento refleja también la realidad económica. El precio sigue siendo un argumento decisivo: en Francia, por ejemplo, un Opel Combo diésel parte de unos 24.100 euros, frente a los cerca de 37.000 euros de su versión eléctrica. Es una diferencia difícil de ignorar para muchos compradores particulares y empresas.
Los vehículos eléctricos avanzan... pero menos rápido de lo esperado
El contexto explica en gran medida este giro. Stellantis acaba de anunciar más de 22.000 millones de euros vinculadas a la revisión de su estrategia en materia de electricidad. El Grupo reconoce implícitamente que sus objetivos iniciales eran demasiado optimistas. De aquí a 2025, según la ACEA, el gasóleo sólo representará 7,7 % de las matriculaciones europeas, frente a 19,5 % de los 100 % eléctricos. Pero esta rápida desaparición oculta una realidad: ciertas categorías de automovilistas siguen sin tener una alternativa creíble. Las largas distancias, el remolque, el uso intensivo y las limitaciones de recarga mantienen estable la demanda, sobre todo en el sur de Europa y entre las flotas profesionales.
¿La única ventaja sobre los fabricantes chinos?
El regreso del diésel también tiene una dimensión competitiva. Los nuevos operadores chinos dominan los segmentos eléctrico e híbrido recargable, pero prácticamente no ofrecen modelos diésel. Para Stellantis, mantener esta tecnología se está convirtiendo en un medio de diferenciación. El fabricante busca así asegurar sus volúmenes al tiempo que protege su cuota de mercado histórica. El Grupo resume su posición de forma pragmática: no se trata de abandonar los coches eléctricos, sino de vender coches que correspondan realmente a sus usos.
El fin de la electricidad dogmática
Esta elección confirma una tendencia más amplia en el sector del automóvil. Tras varios años de discurso muy definido, los fabricantes vuelven a un enfoque multienergético: eléctricos, híbridos, gasolina y ahora diésel seguirán coexistiendo durante más tiempo del previsto. En Stellantis, el mensaje es claro: la transición se hará al ritmo del mercado, no sólo de los objetivos políticos. Y al final, la estrategia actual del Grupo se resume de forma sencilla: en lugar de obligar a los clientes a cambiar de tecnología, es mejor venderles el coche que están dispuestos a comprar. Por otra parte, esto significa encontrar soluciones rápidas con Bruselas, porque un Alfa Romeo Tonale diésel emite 138 g de CO2 por km.