
La historia del coche eléctrico en Stellantis sigue dando un giro inesperado. Tras el abandono de proyectos en Europa y las dudas sobre ciertas empresas conjuntas, es ahora en Estados Unidos donde evoluciona la estrategia de las baterías... y no de la forma que podríamos haber imaginado. Sí, una fábrica que debía producir baterías para coches eléctricos acabará utilizándose para otra cosa.
Conversión rápida en almacenamiento de energía
En Estados Unidos, la empresa conjunta StarPlus Energy, formada por Stellantis y Samsung SDI, está cambiando radicalmente de rumbo. En la planta de Indiana, gran parte de las líneas de producción ya no se dedicarán a las baterías de automoción, sino a los sistemas de almacenamiento de energía (ESS).

En concreto, tres de cada cuatro líneas ya se han reconvertido para producir estas baterías, diseñadas para almacenar electricidad y no para propulsar automóviles. Esta rápida reconversión ilustra una realidad cada vez más visible: el mercado de vehículos eléctricos se ralentiza al otro lado del Atlántico.
No se trata de un simple ajuste industrial, sino de un auténtico cambio de prioridades. Si al principio Stellantis y Samsung apostaban por una fuerte demanda de baterías para automóviles, ahora dirigen su atención a un sector considerado más prometedor a corto plazo.
Una señal de que el mercado eléctrico está perdiendo impulso
Esta decisión no es aislada. Forma parte de un contexto más amplio en el que el crecimiento de los coches eléctricos es decepcionante, sobre todo en Estados Unidos. Con unos costes elevados, incertidumbres políticas y una demanda menos boyante de lo previsto (8 % de cuota de mercado en 2024 y 8 % en 2025), los fabricantes están revisando sus planes.
Samsung SDI, por su parte, parece dispuesta a acelerar su desarrollo en el almacenamiento de energía, un mercado en plena expansión con el desarrollo de las energías renovables. El grupo coreano está multiplicando sus contratos en Norteamérica, con clientes potenciales de primer orden entre los que se encuentra Tesla, según ciertas indiscreciones.
En este contexto, seguir invirtiendo masivamente en capacidad dedicada exclusivamente a la industria automovilística parece ahora arriesgado. El almacenamiento de energía ofrece una diversificación más segura y potencialmente más rentable.
Una estrategia de Stellantis cada vez más pragmática
Este giro de 180 grados de Estados Unidos recuerda mucho a lo que está ocurriendo en Europa. Hace apenas un mes, Stellantis hace oficial el abandono de la gigafactoría ACC de Termoli (Italia), mientras se congelan otros proyectos en Alemania.
El mensaje es claro: producir baterías en todas partes ya no es una prioridad. El Grupo busca ahora reducir costes y limitar los riesgos financieros, tras varios miles de millones de euros de gastos de deterioro vinculados a los vehículos eléctricos.
En Estados Unidos, esta lógica va aún más lejos. Stellantis se plantea incluso revisar su participación en la empresa conjunta con Samsung SDI. Tras haber abandonado ya otra empresa conjunta en Canadá con LG Energy Solution, el fabricante parece optar por una estrategia más ligera: asegurarse los suministros sin llevar él solo la carga industrial.
Menos baterías de coche, pero más oportunidades en otros lugares
Este reposicionamiento hacia el almacenamiento de energía no es insignificante. Refleja una transformación más global del mercado de las baterías, que ya no se limita al sector del automóvil.
Los sistemas ESS son esenciales para apoyar la transición energética, sobre todo para almacenar la electricidad generada por energía solar o eólica. Un mercado en rápido crecimiento, a veces más previsible que el de los coches eléctricos.
Samsung SDI apuesta fuerte por este desarrollo, al tiempo que sigue preparándose para el futuro con baterías de estado sólido previstas a partir de 2027, diseñadas tanto para vehículos de alta gama como para nuevas aplicaciones como robótica y drones.