
Hace sólo unos meses, el futuro de Stellantis en China parecía sellada. El liquidación judicial de GAC-FCApronunciada en verano de 2025 por el tribunal de Changsha, marcó el final de un proyecto industrial muy deficitario y simbolizó el fracaso de una estrategia heredada de la era Marchionne. Mil millones de dólares de deuda, dos fábricas paralizadas y una imagen permanentemente dañada: para muchos observadores, a Stellantis ya no le quedaba nada que esperar en el primer mercado mundial del automóvil.
Sin embargo, a principios de 2026, el discurso había cambiado radicalmente. En Wuhan, corazón industrial de la asociación chino-europea, Stellantis ya no habla de retirada, sino de recuperación, productos y estrategia a largo plazo. Sobre todo, el grupo reafirma su compromiso con Dongfeng Motor Group, su socio desde hace mucho tiempo y ahora el pilar central de su futuro chino.
En Wuhan, el mensaje es claro
El 9 de enero de 2026 se celebró en Wuhan, en un ambiente inusualmente ofensivo, la convención anual de los distribuidores de automóviles Dongfeng Peugeot-Citroën, más conocida como Shenlong. El lema del evento, "En China, para el mundo", resume el cambio estratégico en curso. En el escenario convergieron los mensajes. Huang Yong, Presidente de Shenlong y Director General de Dongfeng, hizo hincapié en la profunda transformación de la empresa conjunta, centrada ahora en gestionar toda la cadena de valor, acelerar el desarrollo de las nuevas energías y perseguir una ambición claramente mundial. Pero sobre todo destacó la intervención de Grégoire Olivier, Director de Stellantis para China y Asia-Pacífico.
El nuevo Director General del Grupo, Antonio Filosa, concede una gran importancia estratégica a China y a Shenlong. Nada más tomar posesión de su cargo, Antonio Filosa viajó a China con su equipo directivo, enviando una señal clara: Stellantis ya no se contenta con observar el mercado chino, sino que quiere volver a desempeñar un papel activo en él.
¿Qué productos?
Lo que distingue esta secuencia de los anteriores intentos de reconciliación es el énfasis puesto en el producto. Si hace poco Stellantis hablaba de optimización, costes y prudencia de capital, ahora el grupo promete un flujo constante de nuevos modelos para el mercado chino. Grégoire Olivier lo deja claro: Stellantis seguirá suministrando nuevos productos a Shenlong para garantizar un desarrollo sostenible. En otras palabras, el grupo ha aceptado volver a poner sus cartas sobre la mesa industrial, algo esencial si quiere sobrevivir frente a la competencia china, ultraagresiva, electrificada y tecnológicamente avanzada.
Esta orientación se inscribe en el "plan trienal de renacimiento" de Shenlong, a partir de 2026. El objetivo ya no es simplemente sobrevivir, sino reconstruir una oferta creíble, adaptada a un mercado que se ha vuelto extremadamente racional, donde la experiencia del usuario, la tecnología a bordo y el valor percibido priman sobre la mera herencia de la marca.
Dongfeng será algo más que un socio
En este nuevo capítulo, Dongfeng ya no es simplemente un aliado industrial. El grupo chino se compromete a apoyar a Shenlong tecnológica, logística e industrialmente, integrándola al mismo tiempo en una visión más amplia: hacer de China un centro de desarrollo capaz de abastecer a otros mercados. Este enfoque "En China, para el mundo" marca una clara ruptura con el pasado. Sugiere que Stellantis ve ahora a China no sólo como un mercado de salida, sino también como un laboratorio capaz de alimentar su oferta global, especialmente en baterías, electrificación e inteligencia a bordo.
Pero nada es seguro. Shenlong opera en un entorno marcado por una competencia feroz, una presión constante sobre los precios y unos consumidores que se han vuelto extremadamente volátiles. Aunque la empresa ha conseguido estabilizar su negocio en 2025, con un crecimiento anual de 7 %, este repunte sigue siendo frágil y depende en gran medida del éxito de sus próximos lanzamientos. A partir de ahora, la credibilidad de Stellantis se basará en hechos. Modelos realmente competitivos, una electrificación convincente, una experiencia del cliente a la altura de los estándares chinos y la capacidad de mantener sus promesas a largo plazo. Tras la quiebra, luego el tiempo de las disculpas y la diplomacia, Stellantis entra en la fase más delicada: la de la ejecución. Y esta vez, el grupo ya no puede permitirse el lujo de equivocarse.
