
La historia podría haber sido un simple malentendido administrativo. Al final, se convirtió en una anécdota tan alucinante como costosa, revelada casi por casualidad en una sala de exposición de automóviles estadounidense. Todo empezó con una tasación de Lamborghini Aventador. El vendedor, acostumbrado a supercoches excepcionales, basó su decisión en la información facilitada por el propietario: el coche sólo había recorrido unas 900 millas (1.500 km) desde nuevo. Una cifra coherente para este tipo de modelo, que suele conservarse como pieza de coleccionista más que como vehículo de uso cotidiano. Con este kilometraje, el Aventador está valorado en unos 285.000 dólares. Pero hay un detalle que levanta rápidamente las cejas.
¿900 millas... o 13.000 millas?
Si nos fijamos en los datos oficiales, el veredicto está cantado: la Lamborghini tiene en realidad más de 21.000 km en el reloj. Una diferencia imposible de ignorar y, sobre todo, imposible de explicar por un simple error. La discusión se centró entonces en el hijo del propietario, que estaba presente en el lugar de los hechos. El adolescente acabó confesando. Durante varios meses, mientras su padre estaba en el extranjero, utilizó el Lamborghini Aventador casi todos los días, sin autorización. Largos viajes, idas y venidas entre varios estados, sobre todo entre Maryland y Florida... El supercoche no se salvó.

En total, el joven conductor admite haber recorrido unas 12.000 millas (19.000 km), transformando un Aventador casi nuevo en un coche "muy conducido" a los ojos del mercado. Lo más sorprendente es que admite haber conducido sin carné, alcanzando velocidades de locura. Todo ello en un coche cuyo valor se derrite con cada kilómetro de más.
Grandes descuentos
En el mundo de los supercoches, el kilometraje es un criterio clave. Pasar de 900 a 13.000 millas en un Aventador no es poca cosa: el valor del vehículo se desploma inmediatamente en decenas de miles de dólares. Una estimación que podría haber estado cerca de los 285.000 dólares de repente se vuelve mucho más difícil de defender. El vendedor no ocultó su asombro. Incluso él, acostumbrado a historias inverosímiles, admitió que nunca había visto un Aventador usado tan intensamente, y menos por un menor. La anécdota está contada en tono de humor, ¡y el padre parece tomárselo bien!
