
A primera vista, este Lamborghini Diablo El amarillo simplemente parece cansado. Carrocería imperfecta, detalles extraños... y sobre todo, falta un faro trasero. Sin embargo, este detalle no es el resultado de un accidente o una reparación chapucera. Al contrario, es la firma visible de uno de los secretos mejor guardados de la historia moderna del automóvil. Porque este Diablo no es un Lamborghini como los demás: sirvió de laboratorio para el motor que daría origen al Bugatti Veyron.
Un Diablo que no es realmente un Diablo
Cuando se observa detenidamente este Lamborghini Diablo, algo no parece estar del todo bien. Las proporciones parecen ligeramente alteradas, las tomas de aire son más numerosas que en un modelo de producción y la parte trasera parece casi improvisada. Esto no es casualidad. Este coche es una mula de pruebas desarrollada a finales de los años 90, en una época en la que el grupo Volkswagen preparaba en secreto un proyecto totalmente escandaloso. En aquella época, Volkswagen acababa de adquirir Lamborghini y Bugatti. A la cabeza del grupo, Ferdinand Piëch tenía una ambición clara: crear el coche de serie más potente y rápido jamás fabricado. Para lograrlo, necesitaba un motor nuevo, sin concesiones, sin rival. Éste sería el W16.



El motor W16
Antes de convertirse en el alma del Bugatti Veyron, el W16 no era más que un proyecto experimental. Un motor absolutamente poco convencional: 16 cilindros, 8,0 litros de cilindrada, cuatro turbocompresores y una potencia objetivo de 1.001 CV, casi el doble que los supercoches de la época. Un motor tan enorme que ninguna plataforma existente estaba realmente diseñada para albergarlo. En lugar de desarrollar un chasis específico para esta fase de pruebas, Volkswagen tomó una decisión audaz. El Lamborghini Diablo, ancho, bajo y con motor trasero central, parecía el mejor candidato. Sus generosas dimensiones permitían encajar el W16 entre las ruedas traseras, aunque con algunas modificaciones importantes. Pero todo encaja al milímetro. Literalmente.


¿Por qué ha desaparecido esta luz trasera?
Aquí es donde entra en juego la famosa luz trasera que falta. El W16 ocupa tanto espacio que los ingenieros tienen que hacer concesiones. La luz trasera izquierda se sacrificó por falta de espacio. Este detalle, casi anecdótico en apariencia, era en realidad la prueba más visible de la enormidad del motor y del carácter experimental de este prototipo. El coche se convirtió entonces en un auténtico mosaico técnico. Presenta elementos del Diablo SV, del Diablo GT e incluso faros de otros modelos del grupo. El objetivo no era la estética, sino la validación mecánica: refrigeración, fiabilidad, comportamiento bajo carga elevada. Las tomas de aire adicionales recortadas en la carrocería atestiguan la dificultad de canalizar el calor generado por este extraordinario motor, mucho más exigente que el V12 original de Lamborghini.



Un prototipo de prueba en la sombra
Durante años, la existencia de este Diablo W16 fue confidencial. No estaba destinado ni a la prensa ni al público. Se condujo, se probó y a veces se sufrió, pero siempre lejos de los focos. No fue hasta hace poco que aparecieron imágenes de los archivos de Autostadt, revelando este Frankenstein automovilístico al gran público. Hoy, este Lamborghini Diablo experimental puede verse en el museo Autostadt de Wolfsburgo. Un lugar muy simbólico, a tiro de piedra de la fábrica de Volkswagen, donde se exponen las piezas más significativas de la historia del grupo. Echando la vista atrás, resulta fascinante comprobar que uno de los motores más legendarios de la historia del automovilismo debutó en un Lamborghini, no en un Bugatti. Sin este Diablo sacrificado, improvisado e imperfecto, es posible que el W16 nunca hubiera alcanzado el nivel de fiabilidad necesario para el Veyron, luego el Chiron y el Mistral.
