
Cuando se trata de supercoches italianos, el Lamborghini Aventador se sitúa inmediatamente entre las referencias absolutas. Su motor V12 atmosférico de 6,5 litros es una obra de arte mecánica en sí mismo. Sin embargo, para Emelia Hartford, la famosa navegante californiana, el veredicto estaba claro: el sistema de escape original era demasiado discreto, demasiado limitado para un motor de este calibre. Acostumbrada a fabricar sus propios sistemas de escape, Hartford decidió dar un paso que rara vez se ha dado en un Aventador de calle: injertarle un auténtico sistema de escape inspirado en la Fórmula 1, sin tocar el propio motor.
El objetivo es sencillo: recuperar el aullido metálico de los V12 de F1 de la década de 1990. Para lograrlo, Hartford se ha asociado con Fi Exhaust para crear un sistema totalmente a medida único en el mundo. El escape original se ha desmontado por completo, dejando paso a tubos de escape de competición, válvulas, escudos térmicos y un conjunto de tubos fabricados a mano.




El corazón del sistema se basa en una arquitectura muy específica: un doble X-pipe y un silenciador colocados para maximizar el sonido cuando las válvulas están abiertas, conservando al mismo tiempo una configuración más "civilizada" cuando las válvulas están cerradas. Un enfoque diseñado para liberar la voz del V12 más que para ganar caballos.
El momento de la verdad llega cuando el Lamborghini descansa sobre sus ruedas. Desde el primer momento en que arranca, el cambio es radical. El volumen del sonido explota al instante, muy por encima del del escape original. Pero no es hasta que subes a las torres cuando se produce realmente la magia. (El colega de Emelia aprovecha para tener una inesperada sesión de depilación con las llamas...).

El V12 empieza a chillar con un tono agudo y rabioso, que recuerda inmediatamente a los monoplazas de Fórmula 1 de otra época. Cada vez que se pisa el acelerador, salen llamas de la parte trasera, acompañadas de una banda sonora tan violenta como espectacular.

Es difícil no imaginar cómo sonaría este Lamborghini en un circuito de carreras, con el V12 gritando a todo gas y resonando en los muros de los boxes. Si cierras los ojos, los paralelismos con un antiguo coche de Fórmula 1 son casi increíbles. Este Aventador no es más potente ni más rápido sobre el papel. Sin embargo, ofrece una experiencia sensorial que casi ha desaparecido.
