Este mecánico compró un Lamborghini Diablo y creó una empresa para recrear piezas imposibles de encontrar: «No crecí en una familia rica»

Es el tipo de historia que nos recuerda por qué algunos coches van mucho más allá de su condición de medio de transporte. En Estados Unidos, Ian, un apasionado de los coches, se convirtió en propietario de un Lamborghini Diablo de 1991... después de encontrarlo en Facebook. Fue una decisión tomada casi de improviso, pero en realidad formaba parte de un sueño muy anterior.

Publicidad

Un coche de póster se hace realidad

Durante toda una generación, el Lamborghini Diablo no fue sólo un supercoche. Era EL coche. El de la pared, el que simbolizaba la velocidad, el exceso y los años 90. Ian no es una excepción. «Fue el póster de toda una generación», explica. «En cuanto pude, lo compré. Durante años, este sueño permaneció lejano. Pero un día, lo impensable se hizo accesible. Impensable, por supuesto... pero accesible.

Lamborghini Diablo SV Roadster 1998

Un anuncio en Facebook... y todo cambia

La historia da un giro inesperado cuando se topa con un anuncio en Facebook. El coche pertenecía a un mecánico, un hombre sencillo que lo había comprado él mismo años antes por capricho.

Publicidad

El contacto está hecho y la reunión también. El vendedor no es de los que adornan las cosas. El coche es viejo, imperfecto, tosco. Pero para Ian, eso ya no importa. «En cuanto lo vi, dijera lo que dijera, tenía que tenerlo.»

Un supercoche a la antigua sin filtros

Este Diablo de 1991 es uno de los más puros jamás producidos. Sin compromisos a bordo: sin dirección asistida, sin ABS, sin airbags, tracción trasera solamente.

Es una configuración que hoy puede parecer arcaica, pero eso es lo que le da su personalidad.

Publicidad

«Este coche quiere matarte», dice con una sonrisa. La comparación con los modelos modernos es indiscutible. Aquí es imposible conducir distraído. «No puedes enviar mensajes de texto mientras conduces esto. Cuando estás al volante, estás trabajando.»

A pesar de sus defectos (o más bien gracias a ellos), el Diablo ofrece una experiencia única. El ruido del V12, la dureza del embrague, la visibilidad limitada... todo contribuye a una inmersión total. «Es una experiencia irreal cuando lo empujas. »Son los fallos los que realmente te hacen apreciar el coche. Ian lo admite: este coche no es perfecto. Pero eso es precisamente lo que lo hace tan entrañable.

Una pasión que va más allá de la conducción

Mecánico de profesión, Ian no sólo conduce su Diablo. Lo mantiene él mismo, desmontándolo y comprendiéndolo. Contrariamente a lo que podría pensarse, explica que estos coches siguen siendo relativamente fáciles de trabajar. «Una vez que le pones las manos encima, es manejable.»

Contrariamente a lo que podría imaginarse, Ian no procede de un entorno privilegiado. «No crecí en una familia rica», confiesa. Ni herencia ni atajos. Su pasión por los coches se forjó con el tiempo, a base de trabajo duro y determinación. Convertirse en propietario de un Lamborghini no era un objetivo obvio, sino lejano, casi irrealizable. Es precisamente este viaje lo que hace que su historia sea aún más extraordinaria: la de un hombre apasionado que se dio los medios para hacer realidad un sueño de la infancia.

Publicidad

Pero persistía un problema: algunas piezas ya no se fabricaban. Así que decidió dar un paso más. Creó su propia empresa, inspirándose en el nombre en clave del Proyecto Diablo: Proyecto 132. ¿El objetivo? ¿El objetivo? Reproducir o mejorar piezas esenciales para mantener a los propietarios en la carretera.

«Nunca renuncies a tus sueños»

Conduce su Diablo. Mucho. Y abraza totalmente esa visión. «Presumir de poco kilometraje es un poco vergonzoso... deberías conducir tu coche».»

Más allá de la mecánica, esta historia trata ante todo de un sueño hecho realidad. Un sueño de infancia, hecho posible por una oportunidad inesperada... y, sobre todo, por una decisión consciente. Antes de concluir, Ian lanza este sencillo mensaje: «Nunca renuncies a tus sueños.»

YouTube #!trpst#trp-gettext data-trpgettextoriginal=6561#!trpen#vídeo#!trpst#/trp-gettext#!trpen#
Publicidad

¿Te gusta esta entrada? ¡Compártelo!

Deja tu opinión