
Hay pruebas de coches que empiezan con entusiasmo. Y luego están las de Jeremy Clarkson. En las columnas de Sunday Times, El famoso periodista británico admite libremente que no tenía absolutamente ninguna expectativa puesta en este SUV italiano. Peor aún, ni siquiera sabía que existía.
Un Maserati... que pasó desapercibido
Esta es sin duda la confesión más sorprendente de esta prueba. Jeremy Clarkson, uno de los periodistas del motor más conocidos del mundo, descubrió el Grecale casi por casualidad. El modelo llevaba más de tres años en el mercado. Pero en su mente, el SUV Maserati sigue siendo el Levante, al que rebautiza con su humor habitual: el Lavatorio.
Este desconocimiento dice mucho del posicionamiento del Grecale. Un SUV premium italiano, pero discreto, casi invisible en un segmento saturado. Y cuando por fin llega el coche, la primera impresión no ayuda.


Según Clarkson, el diseño es demasiado banal. Demasiado parecido a todos los SUV modernos. Incluso llegó a decir que podría haberlo confundido con un Toyota. Un juicio duro, sobre todo para una marca que él considera «el rey de los coches italianos», incluso más prestigioso que Ferrari.
Dudas... incluso antes de girar la llave
El escepticismo no se detiene en el diseño. Clarkson también cuestionó las decisiones técnicas de Maserati. ¿Por qué utilizar un V6 derivado del MC20 en lugar del querido motor Alfa Romeo? Una decisión que sospecha que fue dictada más por razones internas que por la pasión por el motor (nota del editor: son los mismos motores, el Nettuno V6 es una versión mejorada del Alfa Romeo V6). Y luego está el color. Es un color amarillo huevo que cuesta casi 4.000 libras, lo que él considera sencillamente ridículo en la vida real. Todo parecía encajar para una prueba de conducción desastrosa. Pero lo que pasó después cambió todo eso.

«Hacía mucho tiempo que no me sorprendía un coche».»
Desde los primeros kilómetros, el tono cambia. E incluso radicalmente. Clarkson lo admite: hacía mucho tiempo que un coche no le sorprendía. Y el Maserati Grecale lo consigue, principalmente por una razón inesperada: su confort. El SUV italiano impresiona por su suavidad. Absorbe las imperfecciones de la carretera con una facilidad desconcertante. Clarkson afirma incluso haber conducido deliberadamente sobre baches... sin sentirlos en ningún momento. En su opinión, este comportamiento es similar al de un Rolls-Royce. No es exactamente lo que esperarías de un Maserati. Y, sin embargo, lo es.
Potencia, silencio y gran turismo
Sin embargo, bajo el capó, el Grecale Trofeo no se queda atrás. Su motor V6 biturbo desarrolla 530 CV y alcanza una velocidad máxima de 285 km/h. El motor es un descendiente directo del supercoche MC20, aunque ligeramente suavizado, pero sigue siendo espectacular. Aun así, Clarkson insiste en que el motor es sorprendentemente silencioso. Incluso al acelerar a fondo, el ruido permanece contenido, con la excepción de algunas vocalizaciones de las notas de escape. Un contraste que refuerza aún más la sensación general de confort. Para Clarkson, ofrecer una versión eléctrica parece casi inútil, dado que la versión de combustión interna ya es tan silenciosa.

Un Maserati de verdad... ¿por fin?
Otra agradable sorpresa es el interior. A menudo criticado en el pasado, la calidad de los acabados parece estar a la altura. Clarkson destaca un habitáculo elegante y bien construido, con mucho espacio para pasajeros y equipaje.

Sin embargo, no todo es perfecto. Señala algunos irritantes, en particular los botones de las puertas del Fiat 500, las ayudas a la conducción y la ergonomía de la doble pantalla táctil. Pero no hay nada realmente criticable.
El precio, la sorpresa final
Aunque esperaba un precio muy elevado, Clarkson descubrió que en realidad era más asequible de lo esperado. El modelo bien equipado que probó costaba unos 113.000 euros. Pero las versiones híbridas empiezan en menos de 60.000 libras. Es un precio que le parece sorprendentemente competitivo con la competencia.
La prueba terminó como empezó: con una sorpresa. En un almuerzo con amigos, Clarkson temía la reacción al color amarillo brillante de su Grecale. Pero, contra todo pronóstico, su anfitrión alabó el color.
Entonces se da cuenta de por qué: es dueño de... JCB (una marca de maquinaria de construcción). Fue el final perfecto para una prueba que pilló constantemente desprevenido a Clarkson. Al final, a pesar de sus dudas iniciales, el veredicto es claro: el Maserati Grecale es un éxito. Y, sobre todo, un coche capaz de seguir sorprendiendo incluso a quienes creían haberlo visto todo.