
Veinticuatro años. Ese es el tiempo que Richard Webber lleva conduciendo su Lancia Delta HF Integrale Evo. Toda una vida automovilística, hecha de recuerdos, viajes, sacrificios... y ahora un desengaño. El periodista británico de la revista Autocar ha tomado una dolorosa decisión: vender el coche que durante tanto tiempo ha considerado mucho más que un coche.
Un sueño nacido en la edad de oro de los rallies
Al igual que muchos entusiastas, Richard Webber se enamoró del Lancia Delta Integrale durante su apogeo en los rallies a finales de los años 80 y principios de los 90. Un coche legendario que dominó el Grupo A y se convirtió en un referente absoluto de deportividad y eficiencia. En aquella época, un Delta HF Integrale Evo costaba alrededor de 25.000 libras nuevo en el Reino Unido. Pero a finales de los 90 y principios de los 2000, el mercado de los youngtimers era prácticamente inexistente. Los precios se habían desplomado, ofreciendo una oportunidad única a los entusiastas. En junio de 2001, Richard Webber viajó a Italia para probar un Delta Integrale Evo 1 en un sublime color Giallo Ferrari. Unas semanas más tarde, el coche cruzó el Canal de la Mancha hasta Dover, antes de convertirse en su coche de diario en Escocia.

Un coche, una vida
Durante varios años, la Delta Integrale fue parte integrante de su vida cotidiana. Es una experiencia casi irreal, posible gracias a las carreteras abiertas y sinuosas de los Scottish Borders, no lejos de las antiguas etapas del Rally RAC. El coche no es una pieza de coleccionista guardada en un garaje, sino un compañero en la carretera. Entonces la vida cambió. La carrera de Richard Webber despegó, sobre todo en Autocar. La familia creció y las prioridades cambiaron. El Delta se conducía cada vez menos. En casi quince años, sólo recorrió unos 9.000 kilómetros más. Sobre todo, su valor se disparó.
Cuando la pasión se une a la realidad
El mercado ha cambiado radicalmente. En 2017, un Ferrari Delta Integrale Evo Giallo casi nuevo se vendió por 142.000 libras en Nueva York. En 2022, otro ejemplar se vendió por más de 100.000 libras en el Reino Unido. El coche de Richard Webber, con 87.000 millas pero perfectamente mantenido, se estima ahora en unas 60.000 libras, o casi 69.000 euros. Una suma considerable. Casi inesperada. Una "ganancia inesperada" para una familia en crecimiento, sobre todo teniendo en cuenta los altos costes de mantenimiento de un coche que ahora es demasiado raro... y demasiado precioso para ser realmente utilizado. Durante años, le dijeron que nunca lo vendiera. Su respuesta era siempre la misma: "a menos que no tenga más remedio". Ese momento ha llegado. Y no va a fingir que es fácil. De hecho, se vendió por 61.640 libras en agosto de 2025.

"No es lógico, pero es doloroso".
Richard Webber lo admite sin tapujos: vender este coche le quita el sueño. Mucho más que con cualquier otra moto o coche que haya vendido en el pasado. Porque aquí no se trata de lógica, sino de emoción. Para intentar comprender este vínculo casi irracional, consultó incluso a un psicólogo, el doctor Christian Jarrett. El diagnóstico era claro: un fenómeno de "apego objetal". Un mecanismo bien conocido en psicología, en el que ciertas posesiones materiales se convierten en extensiones de nuestra identidad. Los recuerdos, olores, sonidos y momentos de la vida asociados al coche refuerzan este vínculo. Para algunos aficionados, un coche no sólo acompaña a los recuerdos: es el recuerdo.
Un último paseo antes de despedirnos
Siguiendo el consejo del psicólogo, Richard Webber dio un último paseo en su Delta Integrale. Una tarde de verano, solo, por una carretera que le gusta especialmente. Sin pasajeros, sin distracciones. Una comunión íntima con la máquina. El ritual está intacto: la llave sin mando a distancia, el cierre centralizado, el transpondedor, arrancar el coche, esperar a que se apaguen las luces. Entonces sucede la magia. El turbo Garrett se despierta, los 210 CV cobran vida, el chasis absorbe las irregularidades con una facilidad que nos recuerda por qué el Delta se ha convertido en una leyenda. A pesar de sus defectos, su balanceo y su costoso mantenimiento, todo está perdonado. Como tantas veces en la vida, las emociones acaban con las cuentas.

Luto... y mirada al futuro
Cuando se cerró la venta y el Delta salió de la cadena de producción, la conmoción fue real. Y sin embargo, contra todo pronóstico, Richard Webber confiesa que el dolor es menos violento de lo esperado. La expectación era mayor que la realidad. Sabía que ya no tenía tiempo para conducirlo. Y, paradójicamente, puede que tampoco tenga tiempo para lamentarlo. Un día, quizás, otro Delta volverá a su vida. Mientras tanto, se conformará con su coche familiar, un Volkswagen Tiguan diésel. Como dice la canción que cita, con un toque de ironía y resignación: "Si no puedes estar con la persona que amas, ama a la persona con la que estás".
Artículo basado en el testimonio original de Richard Webber publicado en Autocar. Fotos del anuncio en The Classic Valuer.
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