
Hay coches que resisten el paso del tiempo como piezas de la cultura popular. El Lamborghini Miura de Eddie Van Halen pertenece a esta categoría: un supercoche mítico, ligado a un momento concreto de la historia del rock, y luego a una aventura humana que terminó... donde todo empezó para Lamborghini En la fábrica de Italia.
El “VROOOM” de Panamá y un Miura que se convirtió en leyenda
La historia resurgió en el verano de 2019 con la noticia de que se había encontrado el Lamborghini de Eddie Van Halen, el asociado a la canción Panamá. Se decía que el sonido de culto que se escuchaba tras el solo de guitarra, ese famoso rugido que intrigó a tantos fans en 1984, procedía directamente del tubo de escape de su Lamborghini de 1972.
En un vídeo publicado en su momento, John Temerian relata el redescubrimiento de este Miura con su aspecto distintivo, sus tomas de aire y sus impresionantes ruedas. No es original. ¿Es un modelo especial, una pieza única o simplemente una transformación? También recuerda un detalle: el coche fue un regalo de boda de Valerie Bertinelli a Eddie Van Halen, y en la matrícula aún figura la fecha de su boda, “11 de ABRIL”. Pero eso es sólo el principio. Porque detrás del redescubrimiento, había otro capítulo en ciernes: el de la restauración.

Cuatro años de restauración... y un proyecto frenado por Covid
Cuando el Miura fue enviado a Italia para ser restaurado por la división histórica de Lamborghini (Polo Storico), el calendario parecía escrito de antemano: una restauración importante, un plazo largo pero “normal”. Pero entonces el mundo se paralizó. Tras la llegada del coche a Italia, Covid golpeó, la actividad se ralentizó y luego se paralizó. Una restauración que debería haber durado unos dos años acabó durando casi cuatro.

En su relato, John Temerian cuenta cómo este tiempo extra le permitió entablar una relación excepcional con la fábrica de Lamborghini. Para él, apasionado de la marca, resulta casi irreal hablar con personas de la dirección y empleados que han llevado Lamborghini durante décadas.
No volver a la original, pero permanecer fiel a Eddie Van Halen
Al principio, la idea parecía lógica: restaurar el coche como era “nuevo”, con sus especificaciones de fábrica, hasta su color original. Temerian explica que incluso hablaron del tema, mencionando un tono verde inicial y distintas posibilidades.
Pero Lamborghini ha decidido lo contrario. La fábrica no sólo quiere restaurar un Miura: quiere restaurar el Miura de Eddie Van Halen. No una versión idealizada, no una reconstrucción perfecta para un concours d'élégance, sino el coche tal y como existió en la vida del músico, en su época, con su configuración, su identidad y su singularidad.
Una entrega a la fábrica... con Van Halen de fondo, con la gente que lo restauró
La escena tiene lugar en la fábrica de Lamborghini, y no en un momento cualquiera: durante las celebraciones del 60 aniversario de la marca. Temerian explica que el principal evento para coches modernos se ha cancelado debido a las fuertes lluvias e inundaciones en Italia. Al mismo tiempo, Lamborghini Polo Storico organiza un rally de coches clásicos, una celebración dedicada a los modelos anteriores a 2001 que reúne a una veintena de automóviles de todo el mundo.
La fábrica ha organizado un escenario inesperado: una zona natural, un parque diseñado en torno a la biodiversidad, los árboles y las abejas. Y cuando el grupo llegó, fue toda una sorpresa: sonaba la música de Van Halen. A su alrededor, los empleados del Polo Storico que habían trabajado en el coche aplaudían.



Temerian describe la sensación física, la emoción, la irrealidad del momento: estar en Italia, en la fábrica, caminando hacia este Miura, rodeado de la gente que lo reconstruyó, mientras una canción de Van Halen acompaña la escena. Ya no estamos simplemente entregando las llaves. Esto es un homenaje. Entra en el coche. Arranca inmediatamente. Acelera y revoluciona el motor. Todos aplauden de nuevo.
La manifestación del 60 aniversario
Al día siguiente, el coche fue llevado a su primera prueba de conducción, que coincidió con el rally organizado con motivo del aniversario. Temerian describe el norte de Italia como un escenario perfecto: carreteras espléndidas, un ambiente “irreal”, la impresión de que todo está en su sitio.

Los coches en fila: modelos legendarios, Countachs, un 350 GT, un Periscopio azul, un SE30 de Japón. Y en la carretera, un momento difícil de creer: dos empleados de Lamborghini le adelantan al volante del último Diablo fabricado, el Diablo dorado del museo.

Conducir un Miura es una experiencia sensorial. Los sonidos, los olores, la presencia mecánica. Y en este caso, el Miura de Eddie Van Halen no conduce solo: lo hace en medio de una veintena de Lamborghinis, como si la historia de la marca acompañara a la del músico.
El encuentro inesperado: Ingrid
El fin de semana termina en la fábrica. Se podría pensar que ése es el final de la historia, entre el coche restaurado, el rally, las cenas y las celebraciones. Pero Lamborghini ha preparado una sorpresa aún más personal.
John Temerian explica que Lamborghini sabe hasta qué punto su vida está ligada a su padre: un hombre que compraba piezas, mantenía Lamborghinis, coleccionaba objetos, viajaba a la fábrica y mantenía relaciones con los empleados, casi como una familia. De niño, John Temerian no tuvo la oportunidad de acompañarle. Su padre trabajaba mucho, e incluso cuando viajaba, Lamborghini seguía siendo el centro de todo.
Entre todas estas relaciones, una persona contaba más que las demás: Ingrid Puschi. En su día asistente personal de Ferruccio Lamborghini, con el tiempo se convirtió en una especie de “madrina” de la marca, cercana a los clientes VIP y guardiana de archivos y recuerdos. Lamborghini la mandó llamar. Ingrid estaba allí. Temerian por fin la conoció. Tiene más de 80 años, pero él describe su increíble energía. Y, sobre todo, se acuerda de él. Le cuenta cómo le enviaba tarjetas de Navidad y folletos cuando era niño. Para él, aquellos folletos de Diablo que recibía cuando tenía 7, 8 o 10 años eran “el mejor regalo del mundo”. Y ella, décadas después, aún los recuerda.

Explica que ha guardado todo un archivo en la fábrica, con faxes y cartas intercambiadas con su padre. Incluso cuenta que al principio, en los años 90, su padre no era distribuidor y por tanto no podía comprar piezas... pero que ella le ayudó de todas formas, porque era “un hombre tan bueno” que decidió que había que apoyarle. Durante 20 ó 30 años, le apoyó, le vendió piezas y le ayudó en todo lo que pudo.
En el relato de Temerian, una frase corre como un hilo rojo: Lamborghini le dio la impresión de formar parte de una familia. Personas unidas a coches, a historias, a recuerdos, a vínculos.


