
El Vector M12: un raro supercoche americano, propulsado por el mismo V12 de 5,7 litros que el Lamborghini Diablo, equipado con una caja de cambios manual como un auténtico exótico... y, sin embargo, puesto en la picota por la prensa, hasta el punto de ser proclamado «el peor coche jamás probado» por AutoWeek.
¿Cómo es posible que un coche que cumple tantos requisitos de fantasía se convierta en un caso de libro? Para entenderlo, tenemos que remontarnos a una época en la que Estados Unidos quería su propio supercoche, y un hombre, Gerald (Gerry) Wiegert, estaba dispuesto a mover montañas para conseguirlo.
Vector, la versión avión de combate del sueño americano
Vector no era ante todo el M12. Fue una idea nacida a principios de los años 70: construir un supercoche americano que no tratara de imitar a Europa, sino que la desafiara de frente. Wiegert fundó su empresa y dio forma a una firma: líneas en cuña, un estilo “aeronáutico”, una desmesura típicamente americana... y una comunicación inflada con cifras de vértigo.

En los años 80, el Vector W8 Twinturbo cristalizó este sueño. Sobre el papel, prometía lo impensable, una velocidad máxima casi mitológica. En la vida real, la historia se torció: problemas de fiabilidad, una reputación agrietada e incluso clientes famosos que se enfriaron. Vector tiene el aura de un ovni, pero también el aroma de un proyecto demasiado ambicioso para sus medios. El tipo de fragancia que atrae por igual a entusiastas e inversores oportunistas.
1993: Ginebra
En 1993, Vector presentó un sucesor, el WX3, anunciado en el Salón del Automóvil de Ginebra, que debía sustituir al W8. Pero detrás de los focos, la empresa se tambaleaba. Una adquisición hostil por parte de Megatech, un grupo indonesio, expulsó a Wiegert del timón. El hombre del diseño y la visión perdió el control de su propia creación. Para Vector, fue el comienzo de una segunda vida... pero una vida que ya no se parecía a Vector.

Megatech trasladó la empresa a Florida, donde el grupo ya tenía oficinas. Las prioridades cambiaron: había que lanzar un coche rápidamente, reducir costes y aprovechar una base ya existente. Y en la cesta del grupo había un activo enorme: Lamborghini. Sí, en 1994, Megatech compró la marca Lamborghini por 40 millones de dólares.
La solución “fácil”
El golpe de genio (o el coup de force) se llama M12. La idea es clara: utilizar el Lamborghini Diablo como base técnica para dar a luz rápidamente un “nuevo” supercoche americano. El Vector M12 toma el corazón y los principales elementos mecánicos del Diablo: el V12 de 5,7 litros (unos 492 CV en esta configuración) y la caja de cambios manual de 5 velocidades. El chasis es ligeramente más largo, la carrocería es específica (en fibra de vidrio) y el estilo conserva algunos elementos espectaculares, como las puertas de estilo Lamborghini.

Sobre el papel, es casi imparable: un motor legendario, una exótica caja de cambios manual, un nombre de nicho ya familiar para los entusiastas... y un precio anunciado de unos 189.000 dólares, inferior al de un Diablo. Pero en la carretera, un supercoche es mucho más que sus especificaciones técnicas.
El choque con la realidad
La producción comenzó a mediados de los 90 en Estados Unidos, muy lejos de la experiencia italiana. Y muy pronto, el barniz se resquebrajó. El M12 estaba plagado de un problema fatal para un supercoche: la calidad del ensamblaje no estaba a la altura de lo que se contaba. Los ajustes, el acabado, la coherencia general... todo lo que hace que un coche de seis cifras parezca “justificado” a ojos de un cliente y de un periodista.


El resultado: las pruebas se convierten en un tribunal. Jeremy Clarkson, en una prueba que se ha convertido en un clásico de culto, lo desmontó sin piedad. Y, sobre todo, un veredicto se pegó a la piel del M12 como una etiqueta imposible de quitar: AutoWeek lo proclamó «el peor coche jamás probado». A estas alturas, ya no es una crítica: es una condena mediática.
Lo más cruel es que el M12 se encuentra atrapado entre dos mundos. Demasiado “Diablo recarrozado” para ser un verdadero Vector. Demasiado “Vector aproximado” para competir con un verdadero Diablo. Ni totalmente lo uno, ni totalmente lo otro, y a este precio, esta confusión no es aceptable.
La idea de la última oportunidad
Ante este desastre público, Vector intentó un clásico: la competición como operación de rescate. Sobre el papel, la idea suena soñadora: gana la carrera, y el camino te seguirá. En realidad, IMSA GT2 es un mundo brutal, y Sebring nunca ha sido un lugar indulgente para aprender. Vector ha inscrito un M12 ligero en GT2, equipado con apéndices aerodinámicos y confiado a un equipo. La clasificación a veces parecía un milagro, pero las carreras contaban otra historia: abandonos, decepciones, campañas abortadas. La carrera no borra nada; incluso pone de relieve la distancia entre la ambición y la solidez de un programa.

Deudas, motores impagados y extinción rápida
Lo que siguió fue una especie de evasiva. Vector fabricó sólo un puñado de coches: según las fuentes, menos de veinte en total, con unos 14 coches vendidos realmente a clientes privados, y unos pocos prototipos. La historia terminó con cuentas pendientes... incluso con Lamborghini por motores impagados.
Cuando Megatech vendió Lamborghini a Audi (parte del Grupo Volkswagen) a finales de los 90, Vector perdió su posición técnica y se encontró aún más expuesta. El M12 se desvaneció, sustituido por un proyecto basado en un V8 americano (SRV8), pero la marca ya no tenía impulso y acabó cerrando.
Pero, incluso ahí, la historia insiste: Wiegert, tenaz, recuperará más tarde los activos e intentará relanzar Vector con otros proyectos. Hasta el final, el hombre quiso demostrar que había una línea de meta en alguna parte para este sueño.
El “peor coche” convertido en pieza de coleccionista
Es la máxima ironía: lo que una vez fue un fiasco se ha convertido en una pieza de museo rodante. El Vector M12 tiene todo lo que los coleccionistas adoran: una tirada de producción microscópica, una historia inverosímil, un vínculo directo con un Lamborghini legendario y una reputación sulfurosa.


Algunos ejemplares reaparecen en subasta, a veces a precios elevados, como el utilizado para ilustrar este artículo, que se vendió por 250.000 dólares en 2024. El M12 no salvó a Vector. Tampoco cumplió la promesa de un supercoche americano capaz de sacudir Europa hasta sus cimientos. Pero sí dejó una huella poco común: la de un coche que encarna a la perfección la diferencia entre “tener los ingredientes adecuados” y “acertar con la receta”.

