En los años 80, Lamborghini fabricó en Francia una moto con motor Kawasaki... y nadie la quiso.

La década de 1980 no fue un periodo tranquilo para Lamborghini. Tras la quiebra que obligó a su fundador Ferruccio Lamborghini a abandonar la empresa, la marca italiana pasó a manos de los hermanos Mimran. Su ambición es clara: relanzar el fabricante... aunque sea explorando ideas inesperadas.

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Y no les falta audacia. Entre motores V12 para barcos de carreras, el lanzamiento del espectacular LM002 y la diversificación en todas direcciones, Lamborghini intenta reinventarse. En este contexto surgió un proyecto totalmente improbable: una moto estampada con el toro.

El Lamborghini... diseñado en Francia

En lugar de desarrollar la moto internamente en Sant'Agata Bolognese, Patrick Mimran tomó la sorprendente decisión de confiar el proyecto a Boxer Design, un taller francés famoso por sus motos de alta gama y sus tecnologías inspiradas en la aeronáutica.

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El proyecto comenzó en 1986, bajo la dirección del ingeniero Claude Fior, una figura respetada en el mundo de la moto. El objetivo era claro: crear una máquina excepcional, capaz de competir con las mejores motos deportivas de la época.

El resultado es radical. El Lamborghini Design 90 tiene un bastidor de aluminio fabricado totalmente a mano, con técnicas de soldadura derivadas de la aeronáutica. Incluso el depósito de combustible es de aluminio para ahorrar peso. La suspensión es ajustable como en una moto de carreras, y los componentes son de alta gama: frenos Brembo, suspensión trasera Fournalès, piezas mecanizadas a partir de aleaciones ultraligeras. Pero la mayor sorpresa está en otra parte.

Un motor Kawasaki bajo el logotipo del toro

Bajo su envolvente carrocería de fibra de vidrio, el Design 90 no alberga un motor italiano, sino uno japonés. Lamborghini ha optado por un cuatro cilindros en línea Kawasaki, disponible en 900 cm³ o 1000 cm³, que desarrolla entre 120 y 130 CV. Una elección pragmática: fiable, de altas prestaciones y ya probado. Pero también es una elección que contrasta con la imagen de la marca, acostumbrada a sus espectaculares motores.

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Sobre el papel, la moto lo tenía todo para seducir: unos 170 kg de peso en seco, una velocidad máxima de más de 250 km/h, tecnología avanzada y un diseño prácticamente artesanal. Una especie de “Countach sobre dos ruedas”, según algunos observadores de la época.

Una moto demasiado cara... y demasiado extraña

Y, sin embargo, el proyecto se ha quedado en nada. ¿El principal problema? El precio. En 1986, la Design 90 costaba unos 13.000 dólares, más del doble que una moto deportiva equivalente. Una suma enorme para una moto, incluso una exclusiva.

También tiene un diseño muy distintivo, muy alejado de las líneas icónicas del Miura, el Countach o el Diablo. Su carrocería integral de fibra de vidrio, que cubre casi por completo la cadena cinemática, es tan desconcertante como intrigante. Como resultado, los clientes no están siguiendo su ejemplo.

El plan inicial era de 25 motos, pero la realidad fue mucho más brutal. Al final, sólo se construyeron seis motos antes de interrumpir el programa. Hoy sólo quedan cinco.

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La historia del Lamborghini Design 90 no termina ahí. En 2018, uno de los raros ejemplares salió a subasta en el Reino Unido, con un precio de salida de unos 58.000 dólares. Pero incluso con su extrema rareza y su historia única, la moto no encontró ningún interesado. Ni siquiera alcanzó su precio de reserva.

Publicidad de la moto Lamborghini de la época

Curiosidad convertida en pieza de coleccionista

Hoy en día, el Lamborghini Design 90 sigue siendo una fascinante anomalía en la historia de la marca. Un audaz intento de diversificación, nacido en tiempos turbulentos, que ilustra hasta qué punto Lamborghini fue capaz de explorar territorios inesperados.

Con su motor Kawasaki, su ADN franco-italiano y su tirada de producción ultralimitada, encarna una época en la que todo parecía posible... incluso para Lamborghini. Y aunque nadie quería uno en los 80, ahora se ha convertido en una pieza rara, buscada por los coleccionistas más exigentes. Una historia que recuerda a la de la moto Ferrari 900 de los años 90.

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