Pronto las etiquetas energéticas en los coches de segunda mano como en los frigoríficos: ¿qué cambiará para compradores y vendedores?

Comprar un coche de segunda mano en Europa pronto podría ser como... comprar un frigorífico. La Unión Europea prepara una nueva normativa que obligará a los vendedores a exhibir una etiqueta energética clara y normalizada en los vehículos, también en el mercado de segunda mano. Una pequeña revolución para los compradores, que por primera vez dispondrán de un indicador sencillo con el que comparar la eficiencia energética de los coches.

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Una etiqueta similar a la de los electrodomésticos

Desde hace años, los consumidores están acostumbrados a ver etiquetas de colores de la A a la G en lavadoras y frigoríficos. El principio se extenderá ahora a los coches.

Cada vehículo tendrá que mostrar una clase energética basada en su consumo, con un código visual fácil de entender. En el caso de los coches eléctricos y los híbridos enchufables, la clasificación deberá basarse en el consumo eléctrico expresado en kWh/100 km.

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Los umbrales mencionados en los debates europeos son relativamente claros: un modelo que consuma menos de 14 kWh/100 km podría obtener una calificación A, mientras que los modelos más consumidores de combustible irían cayendo progresivamente en las categorías inferiores. Con este sistema, un pequeño coche eléctrico urbano se encontraría naturalmente en una posición ventajosa, mientras que un gran SUV eléctrico podría encontrarse al final de la clasificación.

Este cambio supone un avance importante. Hasta ahora, las etiquetas energéticas de los coches se basaban principalmente en las emisiones de CO₂ del tubo de escape, lo que colocaba automáticamente a los 100 coches eléctricos % en la mejor categoría. La futura normativa se centrará ahora en a la eficiencia energética real, Esto demuestra las importantes diferencias de consumo de combustible entre los distintos modelos.

Los coches de segunda mano también se ven afectados

La principal novedad de esta normativa es su amplísimo ámbito de aplicación. A diferencia de las normas actuales, que se aplican principalmente a los vehículos nuevos, los coches usados también tendrán que exhibir esta etiqueta.

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Los concesionarios y profesionales de la venta tendrán que consultar una base de datos europea centralizada para obtener los datos energéticos de cada modelo antes de ponerlo a la venta. Esta base reunirá los datos técnicos suministrados por los fabricantes, que se actualizarán periódicamente para que los compradores puedan comparar fácilmente los modelos disponibles en todos los países de la Unión Europea.

Incluso los vehículos más antiguos, algunos con más de diez años, tendrán que mostrar esta información. El objetivo es claro: ofrecer mayor transparencia sobre el consumo de combustible y las emisiones, dos factores que rara vez se destacan en el mercado de segunda mano.

Información mucho más completa para los compradores

La futura etiqueta no se limitará a una simple letra de color. Deberá incluir mucha más información que las etiquetas actuales.

En concreto, los compradores podrán consultar el consumo medio de combustible o electricidad, las emisiones de CO₂ y también el nivel de ruido del vehículo. En el caso de los modelos eléctricos, deberían aparecer datos adicionales, incluida la autonomía estimada en distintas condiciones meteorológicas.

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Se trata de un punto importante, porque la autonomía real de un vehículo eléctrico puede variar mucho en función de la temperatura exterior o del estilo de conducción. Por tanto, esta información podría ayudar a los consumidores a prever mejor el uso diario de su coche.

Una medida de transparencia... ¿pero también una futura herramienta fiscal?

Sobre el papel, el objetivo declarado de Bruselas es sencillo: facilitar la comprensión del mercado automovilístico, sobre todo en el caso de los vehículos eléctricos, cuyo rendimiento real resulta a veces difícil de interpretar para el gran público.

Pero esta etiqueta también podría tener consecuencias mucho más amplias. En varios países europeos, la fiscalidad del automóvil ya varía en función del peso, las emisiones o el consumo de combustible de los vehículos. Por tanto, la calificación energética podría convertirse en un nuevo criterio utilizado por los gobiernos para gravar o favorecer determinados modelos.

Como resultado, los coches más consumidores de energía podrían perder ciertas ventajas, mientras que los modelos más eficientes podrían recibir un mayor estímulo. Para los fabricantes, esto significa que la eficiencia energética se convertirá en una cuestión aún más estratégica, sobre todo en el caso de los vehículos eléctricos, cuyo consumo varía mucho en función de su tamaño y potencia.

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Si la normativa se aprueba en su forma actual, podría transformar profundamente la forma en que los automovilistas eligen sus vehículos. Hasta ahora, los compradores de coches usados se fijaban sobre todo en el precio, el kilometraje o el estado general del vehículo. Mañana, la clase energética podría convertirse en un criterio tan visible e influyente como la potencia o el equipamiento.

Tanto para los fabricantes como para los concesionarios, esta nueva etiqueta podría convertirse rápidamente en un elemento central del mercado automovilístico europeo. Y para los compradores, promete facilitar la comparación entre coches... exactamente igual que hoy comparamos un frigorífico o una lavadora.

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