
Con solo 36 ejemplares fabricados entre 1962 y 1964, y unos precios de venta que superan con creces los 50 millones de euros, la Ferrari 250 GTO es un espejismo de carretera: el mero hecho de vislumbrarlo ya es de por sí una rareza, un privilegio excepcional. Así que, imagínate tener uno. Y, aun así, conducir un coche así puede provocarte sudores fríos en caso de que surja algún problema o, peor aún, de que se produzca un accidente. Algo que le da un buen dolor de cabeza a cualquier aseguradora. Es como montar una batalla de agua o de paintball junto a un cuadro de Da Vinci.
Una réplica basada en un Ferrari
La empresa ADV Revival, cuya sede se encuentra cerca del mítico circuito de Spa-Francorchamps, se propone satisfacer ese deseo casi imposible de colmar: ¿cómo acercarse lo más posible al «Santo Grial» del 250 GTO? ¡Pues resucitándolo mediante una transformación! AVD, que lleva mucho tiempo especializada en restauraciones y transformaciones a medida —entre las que destaca un Porsche Tipo 964 único—, se ha lanzado a la loca aventura de recrear el 250 GTO partiendo de una base Ferrari. Después de haberlos visto ya en la feria «Top marques» en mayo, tuvimos la oportunidad de volver a ver de cerca este bólido en Mónaco y de subirnos a él.


Sí, no se trata ni de un «restomod» ni de una réplica desconocida basada en un chasis de poca monta, sino de un auténtico Ferrari reconvertido en un 250 GTO. La base técnica es un Ferrari 330, cuyo chasis se ha acortado para adaptarse a las dimensiones del GTO. A partir de esta base, cada tubo se rediseña, se modela en 3D y, a continuación, se fabrica en acero con absoluta precisión. La ingeniería moderna perfecciona el proceso artesanal, preservando la fidelidad histórica y garantizando al mismo tiempo la integridad estructural para la actualidad.
Bajo el capó, el motor V12 Colombo (de 4 litros inicialmente en el 330) puede, si el cliente lo desea, reconfigurarse a 3 litros para asemejarse lo más posible al GTO de la época. El motor del ejemplar n.º 1 ha sido cuidadosamente restaurado, rediseñado y transformado según las especificaciones exactas del GTO original. No se ha modificado nada más allá de esta transformación: cada componente, cada proporción, se mantiene fiel al diseño hasta en el más mínimo detalle.

El mimetismo
Visualmente, es impresionante. Cada curva, cada contorno, cada detalle de la carrocería de aluminio se ha reproducido con extrema minuciosidad. El modelo se acercó a Mónaco Es el primer chasis transformado, que marcará el inicio de una pequeña serie de 10 ejemplares. AVD se ha basado en la serie 2 de 1964, que difiere del modelo original de 1962 diseñado por Bizzarrini y el carrocero Scaglietti, inspirándose en el diseño del 250 LM. En él se aprecian las curvas y los contornos típicos de los atractivos deportivos de los años sesenta, con los guardabarros traseros musculosos y curvados, perforados con aberturas en forma de aleta de tiburón, así como los cuatro tubos de escape que sobresalen claramente de los bajos del vehículo.





En el interior, ¡lo primero es conseguir entrar! Para alguien de complexión grande (1,90 metros, en mi caso), las acrobacias están garantizadas, pero así era como nos colábamos en aquella época. Pero una vez sentado y con el cinturón abrochado, el espíritu de competición te invade. Todo se reproduce en la mente: las puertas se cierran de golpe y se abren con una simple “cuerda” metálica. El salpicadero muestra en su parte central todos los indicadores (nivel de combustible, presión de combustible, presión de aceite y agua), todo un arsenal de botones e interruptores (faros, limpiaparabrisas, etc.), sin olvidar el interruptor de apagado rojo situado en el lateral.




La única excepción a la estética de los años 60 es el extintor reglamentario (en Bélgica) que se encuentra detrás del asiento del copiloto. ¡Había que ponerlo en algún sitio! Siempre nos sorprende la estrechez de las ventanillas laterales, de las que solo una parte se abre mediante un panel corredero. Evidentemente, lo que llama la atención es la belleza de la palanca de cambios y de la caja de cambios de aluminio en forma de H, así como el gran volante que combina metal y madera con una elegancia inigualable. Todo está al alcance de la mano, lo que demuestra el genio del diseño de la época.

Emociones garantizadas
El arranque se realiza según las reglas del arte: se desactiva el cortacircuitos, se pisa el pedal para facilitar la entrada de gasolina, se introduce la llave de arranque y el motor da un resoplido. Sus 12 carburadores dan vida a esta obra de arte. Vibra, hace mucho calor y, por supuesto, ni se te ocurra recurrir a ayudas. Cuidado con la cabeza, sobre todo si eres alto, porque las sacudidas pueden hacer que te des un golpe. Estamos ante un auténtico deportivo de antaño, que no es apto para todo el mundo. Sin ABS, sin dirección asistida y con un régimen de ralentí que hay que mantener para que el V12 no se acozale. El aire es cálido y húmedo, lo que, como sabemos, no es lo ideal para los carburadores. El 250 “AVD” transmite cada irregularidad de la carretera, mientras que la caja de cambios encaja cada marcha con un engranaje mecánico perfecto. ¡Ya solo queda disfrutar de cada sensación que proporciona este coche y contemplar las miradas de admiración de los transeúntes!
AVD espera encontrar nuevos clientes potenciales, ya que Estados Unidos es, sin duda, un mercado muy receptivo a este audaz proyecto. Evidentemente, hay dos requisitos imprescindibles: un 330 donante y dos millones para financiar la transformación. ¡Sigue siendo entre 25 y 30 veces menos que un GTO auténtico!
¡Gracias a Laure Beneteau y a Victor Koenig por su acogida y su disponibilidad!
