Nueva York condena al dueño de un Ferrari alquilado por su ruido... aunque no haya sufrido ninguna modificación

¿Es posible ser condenado por molestias acústicas con una Ferrari ¿totalmente original? En Nueva York, la respuesta parece ser afirmativa. El YouTuber y empresario estadounidense Rob Ferretti acaba de experimentarlo en primera persona con su Ferrari 488 GTS, a pesar de que está estrictamente configurado de fábrica.

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Tras varios meses de proceso judicial, la justicia neoyorquina ha confirmado la multa impuesta a una cámara antirruido instalada en Manhattan. Una decisión que reabre el debate sobre estos dispositivos de control automatizado... y su fiabilidad.

Un Ferrari original flasheado por una cámara antirruido

El caso se remonta al verano de 2025. El Ferrari 488 GTS perteneciente a la empresa de alquiler fundada por Rob Ferretti pasó por delante de una cámara de control de sonido instalada en la avenida Saint Nicholas de Manhattan. El sistema midió un nivel de ruido superior al límite autorizado de 85 decibelios.

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Como resultado, se envían dos infracciones al propietario del vehículo. La primera conlleva una multa de 800 dólares, mientras que la segunda, considerada reincidente, podría ascender a unos 1500 dólares.

Problema: el coche es totalmente original. El 488 GTS no ha recibido ninguna modificación de escape ni preparación mecánica, lo que es voluntario en la flota de alquiler de Ferretti. Según Ferretti, mantener los coches estrictamente en stock le permite evitar cualquier responsabilidad en caso de accidente o disputa técnica. Pero a pesar de ello, el Ferrari ha sido acusado de superar los límites de ruido impuestos por la ciudad.

Una batalla legal contra el sistema

Rob Ferretti ha decidido impugnar la multa ante los tribunales. Su principal argumento se basa en la fiabilidad del dispositivo.

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En la vista, señaló que la cámara utilizada para grabar el delito había sido calibrada en mayo de 2024... es decir, más de un año antes de los hechos, que tuvieron lugar a finales de agosto y principios de septiembre de 2025. En su opinión, este período era demasiado largo para garantizar la precisión del sensor.

También señala otro dato inquietante: ninguna otra cámara de la ciudad ha notificado nunca una infracción por ruido con este Ferrari ni con ninguno de los otros supercoches de su flota. Las dos infracciones proceden únicamente del mismo dispositivo situado en esta parte de Manhattan. Para Ferretti, esto plantea serias dudas sobre la fiabilidad de esta cámara.

Pero las autoridades neoyorquinas han respondido de otro modo. Según ellas, no corresponde a la ciudad demostrar que la cámara funciona correctamente, sino al propietario del vehículo demostrar que no es así. Una postura que Ferretti considera absurda: le sería imposible comprobar la calibración de un aparato que pertenece al ayuntamiento.

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Una decisión controvertida

A pesar de estos argumentos, la decisión es definitiva: se mantiene la primera multa.

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En su sentencia, el funcionario judicial consideró que el propietario del vehículo era responsable del ruido producido por el coche, aunque lo condujera un cliente. En otras palabras, el mero hecho de alquilar el Ferrari bastaba para incurrir en responsabilidad. Ferretti compara esta lógica con una situación absurda: según él, sería como responsabilizar a Ferrari de un exceso de velocidad porque la marca vendió un coche capaz de ir rápido.

Un caso lejos de terminar

En total, Rob Ferretti podría tener que pagar más de 2.300 dólares por los dos delitos.

Pero el empresario no tiene intención de detenerse ahí. Ya ha anunciado su intención de recurrir la decisión, e incluso tiene previsto recrear las condiciones de la prueba con un experto en acústica para demostrar que el Ferrari no puede alcanzar los niveles de ruido registrados en esas circunstancias. Para él, hay mucho más en juego que una simple multa.

Si la decisión no cambia, cualquier coche de alquiler podría ser sancionado automáticamente por estas cámaras, sin que el propietario tenga ninguna posibilidad real de impugnar la medida. Y en una ciudad como Nueva York, donde los supercoches llaman mucho la atención, la factura podría convertirse rápidamente en abultada.

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