El problema de Ferrari en 2026 no será vender sus coches... será entregarlos.

Es una paradoja casi irreal para una marca como Ferrari. En Maranello, las carteras de pedidos están llenas, la demanda sigue siendo extremadamente alta y, sin embargo... algunos coches ya no se pueden entregar. No por falta de clientes, ni por un problema industrial, sino por un factor mucho más imprevisible: la geopolítica.

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Suspendidas las entregas debido a las tensiones en Oriente Próximo

Desde hace varias semanas, Ferrari ha tenido que tomar una decisión radical: suspender temporalmente sus entregas a Oriente Medio. El motivo son las crecientes tensiones vinculadas a Irán, que están perturbando gravemente las cadenas de suministro en la región.

Para evitar un cierre total, el fabricante italiano ha optado por una solución alternativa: el transporte aéreo. Un método más rápido, pero también mucho más caro que los envíos marítimos habituales. En consecuencia, Ferrari sigue realizando entregas... pero a un coste logístico mucho mayor, lo que repercute directamente en sus márgenes.

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Reacción brutal de los mercados financieros

Los inversores no tardaron en reaccionar. En una sola sesión, la cotización de Ferrari cayó casi 5 %, hasta 314 $.

Pero el fenómeno va más allá. En los últimos doce meses, la valoración de Ferrari ha caído de unos 76.000 millones de euros a menos de 54.000 millones. Sencillamente, se han evaporado 22.000 millones de euros. Una corrección espectacular para una marca que, sin embargo, se consideraba una de las más fuertes del sector del automóvil.

Un plan estratégico considerado demasiado prudente

Aunque la crisis de Oriente Medio puede actuar como detonante, no lo explica todo. Parte de la desconfianza del mercado se remonta a octubre de 2025, cuando Benedetto Vigna presentó su nuevo plan industrial.

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Este plan, considerado demasiado prudente por algunos analistas, provocó una revalorización a la baja de los múltiplos financieros de Ferrari. En otras palabras, los inversores han revisado sus expectativas, considerando que el crecimiento futuro podría ser menos espectacular de lo previsto.

Sin embargo, operativamente, Ferrari sigue siendo una máquina perfectamente engrasada. En 2025, la marca entregó 13.640 coches, 6.346 de ellos en la región EMEA. Una cifra que subraya la importancia estratégica de ciertas regiones, como Oriente Medio.

Los objetivos para 2026 siguen siendo ambiciosos: unas ventas de 7.500 millones de euros, un EBITDA de 2.930 millones de euros con un margen de 39 %, y un flujo de caja libre de al menos 1.500 millones de euros. Estos resultados siguen situando a Ferrari en una categoría propia de la industria automovilística.

Retrasos que podrían alargarse

A corto plazo, Ferrari puede limitar el impacto redirigiendo sus entregas a otros mercados menos expuestos. Pero a medio plazo, la situación es más incierta.

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Los costes de los seguros aumentan, los plazos logísticos se alargan y la presión sobre los márgenes es cada vez más real. Incluso una marca tan poderosa como Ferrari no es totalmente inmune a estas limitaciones. Al fin y al cabo, el problema de Ferrari no es vender sus coches. Es entregarlos.

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