
Un mes después de un espectacular robo digno de una película de acción, la pesadilla está lejos de haber terminado para el taller ILM Auto. En la noche del 19 al 20 de enero de 2026, roban un Ferrari 488 Pista valorado en casi 400.000 euros antes de ser utilizado como ariete... y luego destruido en un accidente seguido de un incendio. Hoy, el supercoche puede ser un recuerdo carbonizado, pero sus consecuencias son muy reales. Y, sobre todo, continúan.
Un Ferrari robado, destrozado... y aún sin indemnización
El incidente dejó una impresión duradera. Alrededor de las 2.15 de la madrugada, dos individuos irrumpieron en el garaje por la azotea y registraron metódicamente las instalaciones durante casi 45 minutos. Su objetivo estaba claro: un Ferrari 488 Pista rojo de 720 CV expuesto en la sala de exposiciones.

Ante la imposibilidad de sacar el vehículo discretamente, los delincuentes decidieron finalmente utilizarlo como ariete para destrozar el escaparate del garaje antes de huir. Unos kilómetros más adelante, en una carretera resbaladiza por la lluvia, la huida se truncó. El Ferrari chocó contra un guardarraíl y estalló en llamas. Cuando llegó la policía, sólo quedaban restos calcinados. Los ladrones habían desaparecido. Pero mientras prosigue la investigación, para el propietario del garaje, Nathan Azaïs, ha comenzado otra prueba: la del proceso judicial.

Un mes después, el garaje sigue marcado
Un mes después, la sala de exposición de ILM Auto sigue mostrando las cicatrices del robo. El escaparate destripado aún no ha sido sustituido. Un gran tablón de madera sirve de fachada provisional. En el interior, otro panel protege el despacho del director, que también sufrió daños durante el robo. Arriba, una persiana eléctrica dañada permanece atascada, sumiendo la habitación en una oscuridad permanente.
Cada mañana es un recordatorio brutal. «Llegamos todos los días, vemos estos tablones de madera, no podemos seguir adelante», cuenta el gerente al diario La Dépeche. Más allá de la conmoción emocional, todo el negocio del taller se debilitó. El Ferrari siniestrado ya se había vendido y debía entregarse unos días más tarde. Había que devolver la fianza, lo que dejaba un agujero financiero considerable.
La interminable espera del seguro
En los primeros días tras el robo, se iniciaron dos peritajes: uno por los daños en los locales, otro por el vehículo destruido. Una por los daños en los locales, la otra por el vehículo destruido. Pero la realidad era muy distinta.
Entre el intercambio de correos electrónicos, las repetidas llamadas y el envío de documentos, el caso parece estancarse. Hasta el 4 de marzo no se ha programado un segundo peritaje, lo que retrasa aún más cualquier perspectiva de indemnización.
Mientras tanto, se han suspendido las reparaciones. El propietario del taller ha solicitado incluso un servicio de guardia para asegurar sus otros vehículos excepcionales. Esta petición fue denegada, ya que la garantía se limitaba a 48 horas. Mientras tanto, las consecuencias se acumulan: el frío se filtra por el entarimado, la factura de la luz aumenta y la preocupación crece.
«Pagamos las consecuencias de un robo».»
Dada la lentitud del proceso, la amargura es palpable. «Estamos disgustados. Nos enfrentamos a gente que no nos ayuda, mientras nosotros tenemos que pagar.»
La aseguradora asegura que los trámites están en marcha y que los equipos se movilizan para finalizar el caso. Pero sobre el terreno, la espera se hace larga. Sobre todo porque el taller sigue exponiendo coches de alta gama en unos locales que aún se encuentran en un estado frágil.
«Pagas las consecuencias de un robo. Nos sentimos solos.»