A un mes de la temporada 2026 de F1, el truco del motor Mercedes podría ponerse finalmente en entredicho

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A pocas semanas del inicio de la temporada 2026 de Fórmula 1El paddock ya está en plena tensión. No por un duelo en pista o una espectacular revelación aerodinámica (a pesar de las imágenes de los tests de Barcelona), sino en torno a un tema mucho más delicado: la legalidad del motor Mercedes en la nueva era técnica que comenzará en Melbourne. Una novedad podría amenazar el equilibrio del campeonato incluso antes de que se dé la primera luz verde.

El núcleo del problema

En el centro de la polémica está la nueva normativa de motores 2026, que rebaja la relación de compresión máxima de los V6 híbridos a 16:1. Sobre el papel, la norma es clara. En la práctica, lo es mucho menos. Hasta ahora, las pruebas se basaban en mediciones realizadas a temperatura ambiente, con el motor frío. Sin embargo, según Ferrari, Audi y Honda, este método deja una zona gris lo suficientemente amplia como para permitir una interpretación ventajosa una vez que el motor está en condiciones reales, es decir, caliente.

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La sospecha para el motor Mercedes es la siguiente: un motor perfectamente conforme durante las verificaciones estáticas podría, una vez en temperatura, mostrar una relación de compresión superior al límite autorizado. Algunos en el paddock hablan de una ganancia potencial de dos a cuatro décimas por vuelta, o incluso de unos 15 caballos más. Cifras nada desdeñables en vísperas de un cambio de reglamento que se supone pondrá a todos los equipos en pie de igualdad.

Mercedes se defiende y denuncia una batalla política

Mercedes, por su parte, siempre ha rechazado todas las acusaciones. Toto Wolff ha insistido en varias ocasiones en que el motor desarrollado en Brixworth respeta el texto, los procedimientos de prueba y el espíritu del reglamento. Para el constructor alemán, el problema no es técnico, sino político, ya que algunos rivales intentan desviar el debate porque no han encontrado una solución que rinda igual de bien. Esta firme línea de defensa no bastó para disipar las inquietudes.

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Red Bull da un giro de 180 grados

El asunto ha dado un nuevo giro con el cambio de postura de Red Bull. Inicialmente sospechosa de explorar una interpretación similar, la escudería austriaca no sólo ha negado cualquier implicación, sino que ha optado por unirse oficialmente al frente liderado por Ferrari, Audi y Honda. Al firmar la carta de protesta enviada a la FIARed Bull ha dado la vuelta al equilibrio de poder.

Este giro dista mucho de ser simbólico. Para modificar los procedimientos de ensayo durante la temporada, no es necesaria la unanimidad. Basta con una mayoría cualificada: la FIA, la Fórmula 1 y cuatro de los cinco fabricantes de motores. Con Red Bull ahora en el bando disidente, Mercedes corre el riesgo de encontrarse sola frente al resto. Esta situación hace muy probable que se adopte un nuevo protocolo de pruebas.

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¿Nuevas pruebas en el Gran Premio de Australia?

La solución prevista por la FIA consistiría en medir la relación de compresión utilizando componentes desgastados en caliente, de forma estática, para acercarse más a las condiciones reales de uso en la pista. Este cambio permitiría resolver la cuestión de la legalidad de forma rápida y clara, sin dejar lugar a interpretaciones. Según los informes, este nuevo método podría introducirse ya en el Gran Premio de Australia, haciendo inútil cualquier protesta oficial en la carrera inaugural.

Sin embargo, detrás de este deseo de apaciguamiento se esconde un gran dilema. Cambiar los criterios de las pruebas en vísperas de la homologación final del motor, prevista para el 1 de marzo, expone a la FIA y a la FOM a un riesgo legal considerable. Mercedes podría denunciar un cambio en la normativa a mitad de camino, con graves consecuencias deportivas, económicas y comerciales. Por el contrario, mantener el statu quo significaría iniciar la temporada bajo una nube de sospechas, con la perspectiva de una cascada de recursos desde las primeras carreras. A un mes del inicio del campeonato de 2026, la FIA se enfrenta a una elección delicada: tomar rápidamente una decisión para preservar la credibilidad del espectáculo, o esperar a ver si la nueva era técnica se abre con polémica.

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