Accede al búnker secreto de Ferrari en la F1: legendarios monoplazas valorados en cientos de millones de dólares.

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Hay un lugar en Fiorano que pocos aficionados conocen. Se trata de un espacio enorme y discreto, casi invisible desde el exterior, que alberga una de las mayores colecciones de monoplazas del mundo. Fórmula 1 más impresionantes jamás reunidos. Aquí se conservan cuidadosamente un centenar de Ferraris de F1 que abarcan más de cincuenta años de historia. ¿Su valor acumulado? Probablemente varios cientos de millones de dólares. Driver61, un usuario de un canal de YouTube, tuvo recientemente el raro privilegio de entrar en el museo. Su misión estaba clara: encontrar un coche en particular, el legendario F2004. Pero antes de tenerlo en sus manos, tuvo que atravesar un auténtico museo viviente del automovilismo.

El santuario de Ferrari Corse Clienti

Este “búnker” no es otro que el departamento Ferrari Corse Clienti, situado en Fiorano. Se trata del programa para clientes más exclusivo del mundo. Aquí, los coleccionistas adinerados no sólo pueden comprar antiguos Ferrari de F1, sino también conducirlos, bajo la supervisión de los ingenieros de la marca.

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Como explica Federica Santoro, responsable de F1 Clienti y XX Programmes, todos los coches expuestos en este hangar pertenecen a clientes privados. Ferrari los almacena, los mantiene y los prepara para los eventos. Un detalle fundamental diferencia a Ferrari de otras escuderías: es la única marca en la historia de la F1 que siempre ha diseñado tanto el chasis como el motor. Por ello, dispone de un archivo técnico completo de cada uno de sus monoplazas, lo que le permite restaurarlos y hacerlos funcionar, incluso décadas después.

Pero no hay nada obvio en pilotar un F1 de los años 90 o 2000. Estos coches utilizan software y sistemas electrónicos diseñados para ordenadores que ya no existen. Cada monoplaza requiere su propio hardware, sus propias piezas, sus propios procedimientos. Es una proeza técnica continua.

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De los años 70 a la era híbrida: 50 años de evolución

El recorrido comienza con un icono: el Ferrari 312T3, conducido en su momento por Gilles Villeneuve. Cabina estrecha, caja de cambios manual de cinco velocidades... Era la época de la mecánica pura. Sin electrónica, sin asistencia, sólo coraje y talento.

Ferrari 312T3

A medida que avanzamos en el tiempo, la evolución es evidente. El 412 T2 de 1995 marcó el final del legendario motor V12 de Ferrari. Su aullido permanece grabado en la memoria de quienes lo escucharon. Pero a partir de 1996, el reglamento impuso el V10 de 3 litros.

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Después llegó la época dorada: la era Michael Schumacher. El F2003-GA encarnó el dominio absoluto de Ferrari a principios de la década de 2000. 900 CV, control de tracción, aerodinámica cada vez más fina. Schumacher ganó su sexto título mundial, batiendo un récord de 46 años.

Un poco más atrás se sitúa el Ferrari de 2007, el que dio a Kimi Räikkönen el último título de pilotos de la Scuderia hasta la fecha, ganado por un solo punto a Lewis Hamilton en un memorable final en Interlagos.

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Cada generación refleja un ciclo normativo: comienzos relativamente sencillos, luego una complejidad extrema con el paso de las temporadas. Los monoplazas de 2018, como el SF71H, muestran una sofisticación aerodinámica casi artística: winglets multielementos, deflectores esculpidos, superficies trabajadas al milímetro. Presupuestos, simulaciones CFD y túneles de viento han transformado estos coches en esculturas rodantes.

En 2022, se producirá un nuevo cambio, con la vuelta al efecto suelo, alerones más sencillos, neumáticos más anchos y proporciones más masivas. Colocadas una al lado de la otra, las generaciones revelan lo mucho que ha cambiado la Fórmula 1, tanto visual como técnicamente.

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La búsqueda del F2004

A pesar de esta fascinante inmersión en cinco décadas de carreras, el F2004 sigue sin aparecer por el hangar principal. Y por una buena razón: está en el taller, siendo reconstruido. El F2004 no es un Ferrari cualquiera. Para muchos, representa el pináculo absoluto de la era V10. Una máquina de una eficiencia formidable, con récords que se mantuvieron durante casi veinte años antes de ser batidos en la era híbrida. Su V10 de aspiración natural, su excepcional fiabilidad y sus prestaciones lo convierten en uno de los coches de F1 más logrados jamás construidos.

Contra todo pronóstico, Ferrari abrió excepcionalmente las puertas del taller. Un raro privilegio. Allí, entre varios monoplazas en mantenimiento, apareció por fin el F2004. Desnudo, en reconstrucción, pero tan fascinante como siempre.

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Así que este “búnker” no es sólo una colección estática. Es un centro neurálgico donde la historia sigue viva. Cada coche puede volver a la pista, cada motor puede rugir de nuevo. Más allá de los millones de dólares que representan, estos monoplazas cuentan la historia de la evolución tecnológica de la Fórmula 1, sus dramas, sus triunfos y sus revoluciones reglamentarias. Y gracias a este acceso excepcional, pudimos echar un vistazo a uno de los tesoros mejor guardados de Maranello.

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