
El debate entre coche eléctrico y los coches con motor de combustión ya no se limita a la autonomía o al precio de compra. A medida que aumenta el número de coches en circulación, surge otra pregunta: ¿cuánto cuesta realmente el mantenimiento a lo largo del tiempo? Un reciente estudio realizado por ADAC, la poderosa asociación alemana de automovilistas, arroja luz sobre este punto, a menudo descuidado, con cifras concretas.
Diferencias de costes reales durante las inspecciones
Para llevar a cabo su investigación, ADAC analizó los presupuestos de inspección de vehículos eléctricos y de combustión interna comparables en tres grandes ciudades alemanas (Hamburgo, Colonia y Múnich) y sus alrededores. En total, se enviaron 120 solicitudes a concesionarios oficiales de cinco fabricantes: BMW, Dacia, Hyundai, Mercedes-Benz y Volkswagen (¡lo sentimos, no hay marcas italianas!). De las 94 respuestas recibidas, las diferencias de precio eran a veces espectaculares.

El primer dato tranquilizador para los conductores de coches eléctricos es que, en casi todos los casos, las revisiones de un modelo eléctrico cuestan bastante menos que las de su equivalente de combustión. Por término medio, las revisiones de los coches de combustión son al menos un tercio más caras, una diferencia que refleja la realidad técnica.
La diferencia de coste puede explicarse de forma sencilla. Un coche eléctrico tiene muchas menos piezas mecánicas sujetas a desgaste. No hay cambios de aceite, filtros de aceite, bujías o sistemas de escape que revisar y mantener. El resultado: menos operaciones de mantenimiento, menos piezas que sustituir y, lógicamente, facturas más bajas.

El estudio muestra incluso que, para algunos fabricantes, la diferencia es especialmente marcada. En BMW, por ejemplo, un modelo eléctrico cuesta de media 58 % menos de inspección que un modelo comparable de combustión interna. La ventaja también sigue siendo muy clara en Mercedes-Benz, Volkswagen y Hyundai, con diferencias de entre 39 y 45 %. La única excepción notable es Dacia, donde el mantenimiento de los modelos de combustión sigue siendo más barato que el de las versiones eléctricas. ¡Qué curioso!
Ciudad o campo: la ubicación marca la diferencia
Además del tipo de motor, ADAC destaca otro factor determinante: la ubicación del concesionario. Los talleres situados en el centro de las ciudades cobran casi sistemáticamente precios más elevados que los situados en las afueras, a veces a sólo unas decenas de kilómetros. BMW es un ejemplo de ello. En Hamburgo, la revisión del motor de combustión de un BMW M440i cuesta de media 10 % más en la ciudad que en una zona rural. En el caso de su equivalente eléctrico, el BMW i4, la diferencia es incluso de 41 %. Una diferencia que invita claramente a los automovilistas a comparar ofertas más allá de las fronteras urbanas, incluso dentro de la misma red de marcas.
Paradójicamente, unas tarifas horarias más elevadas para los vehículos eléctricos
Otra conclusión más sorprendente del estudio es que en casi la mitad de los talleres que facilitaron una estimación detallada, la tarifa horaria aplicada a los coches eléctricos es superior a la que se cobra a los modelos de combustión. De media, este «recargo eléctrico» asciende a 17 %. Una paradoja difícil de justificar técnicamente, ya que el trabajo en los coches eléctricos es, en general, más sencillo y rápido. Según el ADAC, esta práctica tiende a borrar parte de la ventaja económica natural de los vehículos eléctricos, cuando sus costes de mantenimiento podrían, en teoría, ser aún más bajos.
Al final, esta encuesta nos recuerda una cosa esencial: el precio de compra sólo cuenta una parte de la historia. En uso, los coches eléctricos tienen una clara ventaja económica en lo que respecta al mantenimiento, aunque ciertas prácticas de tarificación limiten a veces los beneficios.