¿Alfa Romeo mejor gestionada en Volkswagen? Los alemanes, italianos y franceses no están de acuerdo.

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Hace unos días, publiqué una hipótesis que todavía hace estremecerse a los puristas y salivar a los pragmáticos: ¿y si Alfa Romeo fue comprada por el Grupo Volkswagen ? El artículo, publicado hace unos días, recordaba este doble “sueño” del lado de Wolfsburgo: el de Ferdinand Piëch, a principios de los años 2010, y luego un segundo acercamiento en 2018. Dos rechazos, y en medio una promesa que vuelve como un estribillo: multiplicar por cuatro las ventas de Alfa Romeo transformándolo en un Porsche popular.

Pero la historia no acabó con la historia. Continuó... en los comentarios. Y hay algo que llama la atención: según se lea desde Francia, Italia o Alemania, no se oye la misma música. Ni el mismo miedo. Ni la misma esperanza. Ni el mismo juicio.

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En Francia: “Lo habrían gestionado mejor”... ¿pero a qué precio?

En el lado francés, el debate se divide en dos bandos muy reconocibles.

Por un lado, hay quienes analizan fríamente la situación actual y concluyen que, gestor contra gestor, Volkswagen probablemente lo habría hecho mejor. Hay arrepentimientos muy concretos: una gama más amplia, renovaciones más frecuentes, presencia en la competencia, una trayectoria más estable. Algunos resumen la idea en términos inequívocos: Alfa Romeo habría “crecido”.

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Y cuando la sombra de Stellantis se cuela en la discusión, la comparación se vuelve brutal: “hoy es peor porque ofrecen duplicados de Peugeot”, “Alfa morirá bajo la era Stellantis”, “pésimos motores PSA”. El razonamiento es sencillo: si hay que “diluir” la italianidad, mejor que sea con un grupo percibido como poderoso, rico y estructurado.

Pero junto a éste, otro grupo rechaza la idea por principio, casi visceralmente. Existe una desconfianza cultural hacia el automóvil alemán, que se considera demasiado frío, demasiado uniforme. La imagen que se repite es la de la clonación: “un Giulietta basado en un Golf”, “un Giulia basado en un Passat”, y sobre todo ese miedo a la insignia pegada a una plataforma genérica. Varios comentarios dicen lo mismo con diferentes palabras: un Alfa Romeo basado en un Volkswagen podría haberse convertido en un Audi/Volkswagen disfrazado, sin ese algo que a veces nos hace perdonar a Alfa Romeo lo que no perdonamos a los demás.

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Entre los dos, están los “matizados”: los que admiten que Volkswagen sabe construir una marca (ejemplo Cupra, ejemplo Lamborghini), mientras dudan de que Alfa Romeo pueda industrializarse sin transformarse.

En Italia: orgullo, ira... y el juicio Stellantis

En Italia, no sólo se lee sobre un debate industrial. Es casi una cuestión de identidad. En primer lugar, hay un hastío muy italiano, casi amargo, ante la paradoja nacional: “en Italia circulan más Audis que Alfa”, “si quieres ver muchos Alfa Romeo... ¡cómpralos!”. Como si la cuestión no fuera sólo “¿quién gestiona mejor?”, sino “¿quién apoya realmente la marca?”. Algunos apuntan a este reflejo: la gente defiende Alfa Romeo como símbolo, pero no siempre lo elige cuando firma la orden de pedido.

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Y luego vino el arrebato anti-Stellantis, aún más frontal que en el lado francés. La palabra “Peugeot” volvió como una bofetada. Se habla de decisiones estratégicas equivocadas, de modelos aplazados, de una marca perdida en un grupo demasiado grande, de una gestión incoherente. Volkswagen se convierte casi en un cómodo “universo alternativo”: al menos, dicen, los recursos habrían estado ahí, y la producción podría haberse conservado “como Ducati y Lamborghini”.

Pero incluso en Italia, no todos sueñan con el salvador alemán. Algunos dicen que Volkswagen no habría hecho milagros: las marcas italianas tienen desde hace tiempo fama de fiables, y un accionista no va a borrarla en cinco años. Otros señalan una cosa por encima de todo: sin Marchionne y el proyecto Giorgio, el Giulia y el Stelvio podrían no haber existido nunca. Para este bando, un Alfa Romeo “a la alemana” habría significado sobre todo... un Alfa Romeo que ya no era Alfa Romeo.

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Básicamente, Italia es el país donde se encuentran las posiciones más extremas: o “mejor con ellos que ahora”, o “antes morir que ser alemán”. También es el país donde la discusión se desplaza más rápidamente hacia la política, los impuestos, el papel del Estado o la figura de John Elkann. Como si, detrás de Volkswagen, estuviera sobre todo el trauma de una industria italiana que a veces se siente desposeída.

En Alemania: “no, gracias”... pero no por las mismas razones

El caso alemán es fascinante porque rompe un tópico. Se podría pensar que los alemanes habrían aplaudido la idea de una adquisición por parte de Volkswagen. Sin embargo, una gran parte de las reacciones dicen exactamente lo contrario: “No toquen Alfa Romeo”, “Por el amor de Dios, no con Volkswagen”, “Tristeza alemana en Alfa Romeo”.

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¿Por qué? En primer lugar porque, para muchos, Volkswagen no representa el sueño automovilístico alemán, sino el coche fabricado en serie, y a veces incluso la sospecha: dieselgate, motores “trucados”, DSG criticados... En algunos comentarios, Volkswagen se describe como el símbolo del producto estandarizado, de la uniformidad.

En segundo lugar, porque algunos entusiastas alemanes reconocen claramente que Alfa Romeo puede hacer coches que Volkswagen no puede. Incluso hay declaraciones que dan la vuelta a la jerarquía habitual, como la idea de que la filosofía del Giulia Quadrifoglio no podría haber salido de una especificación de VAG.

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Pero Alemania también tiene su campo pragmático, similar al que se ve en Francia e Italia: “Con VAG, Alfa Romeo tendría más posibilidades”, “mejor que con Peugeot ahora”. Estas personas no hablan de romanticismo, sino de supervivencia. Y a menudo añaden una aclaración importante: no es “Volkswagen” lo que salva el día, es la estructura del grupo, la capacidad de levantar Skoda, de transformar Seat en Cupra, de mantener una identidad clara a pesar de las plataformas compartidas.

El verdadero quid del desacuerdo: ¿“gestión” o “transformación”?

Al leer los comentarios, uno cree estar debatiendo una simple pregunta: “¿Habría gestionado mejor Volkswagen a Alfa?”. Pero en realidad, no todo el mundo pone lo mismo detrás de la palabra “gestionar”.

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Para algunos, una buena gestión significa aumentar el volumen, ocupar el mercado, renovar la gama, invertir, asegurar los presupuestos y estabilizar los planes de producto. En esta definición, Volkswagen es naturalmente creíble, y Stellantis aparece a menudo como un grupo en el que Alfa Romeo tiene que luchar para existir.

Para otros, una buena gestión significa preservar una singularidad, mantener un sentido de la carretera, una personalidad mecánica, una estética, un carácter. Y en esta definición, Volkswagen se convierte en un riesgo: el del “Alfa Romeo estandarizado”, demasiado limpio, demasiado racional, demasiado intercambiable.

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Lo sorprendente es que los tres países comparten exactamente el mismo miedo... pero lo proyectan sobre objetivos diferentes. Los franceses y los italianos proyectan mucho en Stellantis (el doloroso presente). Los alemanes proyectan mucho sobre Volkswagen (la duda sobre la emoción y la reciente reputación técnica). E Italia proyecta sobre todos a la vez, porque el tema va mucho más allá del coche.

Cupra, Lamborghini, Ducati... la prueba de que todo el mundo elige

En este debate, se utilizan tres nombres como “prueba”, y cada uno los utiliza de la forma que más le conviene. Lamborghini y Ducati se blanden para decir: “Volkswagen sabe mantener una identidad italiana”. Pero a estos ejemplos también se les da la vuelta: “sí, técnicamente mejor, pero menos loco”, “el Urus es un Q8 sobrealimentado”, “interiores demasiado Audi”. En resumen, incluso cuando Volkswagen tiene éxito, algunos lo ven como un éxito frío.

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Y luego está Cupra, el ejemplo que vuelve una y otra vez como un espejo cruel: una marca joven, con una narrativa deportiva, que vende mucho, y que demuestra que con una base técnica común, se puede crear una imagen fuerte... siempre que se tenga una estrategia estable y agresiva. Para algunos, Cupra es la prueba de que Volkswagen podría haber convertido a Alfa Romeo en un éxito moderno. Para otros, Cupra es exactamente lo que no quieren: un Golf que se cree otra cosa.

¿Podría Volkswagen haber gestionado mejor Alfa Romeo?

Esta oleada de reacciones deja una cosa muy clara: Alfa Romeo es una marca sobre la que cada cual proyecta su propia definición del automóvil. En Francia, el debate oscila entre el romanticismo y la eficacia. En Italia, se mezcla con el orgullo, la política y el enfado por el presente. En Alemania, choca con la desconfianza hacia Volkswagen... reconociendo al mismo tiempo que Alfa Romeo tiene algo que el grupo de Wolfsburgo no tiene.

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Al final, puede que la pregunta no sea “¿quién habría gestionado mejor Alfa? La verdadera pregunta, la que tanto divide, es: ¿qué estamos dispuestos a perder para salvar una marca? Y en este preciso punto, los alemanes, italianos y franceses no sólo hablan de Alfa Romeo. Hablan de sí mismos.


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